9/8/19

Mentando a George Orwell

1984. Novela impactante, dinamita que aviva el seso, donde no cabe la distracción ni el divertimento fatuo, sí las lágrimas que provoca el amargo vodka que se reparte gratis en las cantinas del Gran Hermano, y que Winston Smith toma junto al minuto de odio que libera un instante la olla de presión del sujeto autómata que muere rendido a su suerte, es esclavo y esclavista en las formas de una guerra Homo sapiens eterna. En estos días del siglo XXI estoy ante un Gran Hermano versátil, que con semblante de amable Buda ha globalizado al sujeto del rendimiento, las masas pueden ser alienadas con métodos pacíficos a imagen y semejanza de la sugestión de Un mundo feliz, no tienes que odiar a nadie un minuto sino que tienes que vender tu alma al demonio  desarrollista y dedicarte a tiempo completo a comprar o desear adquirir  cosas y posesiones hasta el último suspiro.

Rebelión en la granja. Da pie al esparcimiento literario, a la broma y a la risa a panza rugiente; pero, al cabo de la diversión, se sufre potente desgarramiento interno y sollozas por la fallida rebelión de los animales de la granja llamada a liberar al mundo del capitalismo criminal. Cómo no identificarse con Rebelión en la granja, cada vez que un maldito político se propone salvar a su pueblo de las garras del manido “Imperio”; al final, serás testigo furtivo tras los ventanales del palacio de los cerditos revolucionarios celebrando sus logros con un banquete bailable de mantel largo. Resulta que los invitados al tremendo parrandón, son flamantes humanos  imperialistas del otro lado del globo terráqueo y/o viejos conocidos humanos imperialistas que ya habían sido expulsados de la granja, y atónito miras la metamorfosis de unos en otros y viceversa mientras danzan lascivos y aullantes, apretujando entre sí sus partes pudendas. Los atormentados animales de la granja orwelliana, se pellizcaban el cuerpo y restregaban los ojos ante el macabro espectáculo: cerditos vueltos humanos y humanos transformados en cerditos (llamo cerditos a los de la fábula orwelliana porque los cerdos de carne y hueso han sido y son devorados en masa, trillones, por la especie que mal administra este planeta). Cuando se trata de rendir homenaje a la codicia Homo sapiens, se borran las formas ideologías y retumba el llamado a la depredación de todos contra todos.