16/9/19

La Mica en B&N

A propósito para inaugurar la cámara Nikon D7500, que me arribó recién para reemplazar a la memorable y ausente Nikon D80, me fui a caminar en la Micacocha. Tanto me he enseñado a visitar los parques y reservas naturales con una cámara de fotos en ristre que, si no tengo a mano una que sirva para lograr instantáneas capturando un mínimo del alma del instante de lo salvaje, me niego a hacer “salidas de engorde”, como llaman los avezados andinistas al senderismo. Sí, la fotografía de engorde, esa de andar y ver sin peajes onerosos que la interrumpan, se ha convertido en amuleto y muletilla cuando voy por el condumio y/o aroma del tiempo en lo agreste. En la mochila de asalto (a la conquista de lo inútil) cargo la cámara y el lente versátil que la completa, junto al líquido hidratante y la golosina del caso que sabe a gloria antes de la siesta obligada en la hueca de rigor que no falta a donde fuere en el superpáramo: un piso mullido, una sombra vegetal amable. Es obvio que fotos y siesta se van al carajo si cae una tormenta, pero eso no resta a la ambición de que el tiempo experimentado dure casa adentro, o sea que se expanda a futuro en recuerdos plomizos de una naturaleza inclemente azotando mi testa en la huida, tales instantes mojados no se van al garete sino que por el contrario son abono para saborear intensamente las pequeñas felicidades que proporcionan las horas de paisaje despejado. Cómo no reír a panza rugiente cuando cierto paraje que ayer te expulsó de sí con granizo y gélido viento, hoy te invita a sestear de lo lindo en tibio pajonal y en lo alto de una loma gorda con vista panorámica de ensueño al superpáramo. Aquí cuelgo cuatro fotografías monocromáticas y una a color con “efecto pincel”, sendereando a orillas de la Micacocha, esto aprovechando las modalidades de disparo que la máquina de marras me ofrece.  






9/8/19

Mentando a George Orwell

1984. Novela impactante, dinamita que aviva el seso, donde no cabe la distracción ni el divertimento fatuo, sí las lágrimas que provoca el amargo vodka que se reparte gratis en las cantinas del Gran Hermano, y que Winston Smith toma junto al minuto de odio que libera un instante la olla de presión del sujeto autómata que muere rendido a su suerte, es esclavo y esclavista en las formas de una guerra Homo sapiens eterna. En estos días del siglo XXI estoy ante un Gran Hermano versátil, que con semblante de amable Buda ha globalizado al sujeto del rendimiento, las masas pueden ser alienadas con métodos pacíficos a imagen y semejanza de la sugestión de Un mundo feliz, no tienes que odiar a nadie un minuto sino que tienes que vender tu alma al demonio  desarrollista y dedicarte a tiempo completo a comprar o desear adquirir  cosas y posesiones hasta el último suspiro.

Rebelión en la granja. Da pie al esparcimiento literario, a la broma y a la risa a panza rugiente; pero, al cabo de la diversión, se sufre potente desgarramiento interno y sollozas por la fallida rebelión de los animales de la granja llamada a liberar al mundo del capitalismo criminal. Cómo no identificarse con Rebelión en la granja, cada vez que un maldito político se propone salvar a su pueblo de las garras del manido “Imperio”; al final, serás testigo furtivo tras los ventanales del palacio de los cerditos revolucionarios celebrando sus logros con un banquete bailable de mantel largo. Resulta que los invitados al tremendo parrandón, son flamantes humanos  imperialistas del otro lado del globo terráqueo y/o viejos conocidos humanos imperialistas que ya habían sido expulsados de la granja, y atónito miras la metamorfosis de unos en otros y viceversa mientras danzan lascivos y aullantes, apretujando entre sí sus partes pudendas. Los atormentados animales de la granja orwelliana, se pellizcaban el cuerpo y restregaban los ojos ante el macabro espectáculo: cerditos vueltos humanos y humanos transformados en cerditos (llamo cerditos a los de la fábula orwelliana porque los cerdos de carne y hueso han sido y son devorados en masa, trillones, por la especie que mal administra este planeta). Cuando se trata de rendir homenaje a la codicia Homo sapiens, se borran las formas ideologías y retumba el llamado a la depredación de todos contra todos. 

17/7/19

REMOTO (PDF)

REMOTO, emerge de la ambición que tiene Teófilo Samaniego de crear el presente que determinará su futuro. Viajar viene superficial si no sirve como un imperativo para ser buzo de las profundidades del existente, descubriendo dentro de sí lo primordial que evita el hombre masificado, autómata. Una erupción interior sepulta al obediente estudiante/inspector, mientras surge el vividor que reivindica aires amazónicos con una palabra: ¡Renuncio!



8/6/19

Breve visita a Aldous Huxley


Nueva visita a un mundo feliz.- 


Es el retorno ensayístico de Huxley a su novela cumbre “Un mundo feliz”, tras aproximarse a los treinta años de su publicación. Aquí da cuenta de sus aciertos y menos errores futuristas de la novela distópica Un mundo feliz, es decir, de cómo las sociedades Homo sapiens, en un orden globalizado, se acercan más a sus predicciones que a las de Orwell en 1984 y Rebelión en la granja. Personalmente creo así es en nuestros días de estupidización total del ser humano. 

Las puertas de la percepción.-


Ensayo, obra experimental pura y dura de Huxley. Aldous nos cuenta que el carecía de una imaginación innata portentosa, que sí la tienen otros privilegiados artistas para abrir las puertas de la percepción valiéndose de su don mental, o sea sin la ayuda externa de elementos psicotrópicos para no caer en una sobredosis de percepción neutralizante.  Él sí tuvo que recurrir a alucinógenos ancestrales como el peyote para despertar, pues, no lo hacía para amodorrarse y dormirse. Las puertas de la percepción, dio nombre a la banda “The Doors”, e inspiró la canción "Break On Through (To the Other Side)”.

La isla.-  


Última novela de Huxley, es el contraste utópico de la distopía de “Un mundo feliz”.  En “Un mundo feliz” habían islas que servían a los Superalfas para vacacionar o para ser confinados si se revelaban contra el sistema mundial de control de masas, pues, ellos eran los únicos que tenían acceso a la realidad distópica sin amortiguadores con el fin de mantenerla inmutable. La isla, es una obra psicodélica que recoge la ciencia ficción de “Un mundo feliz” para hacer lo contrario, esto en aras de un anarquismo auténtico que tiene sobre sí la sombra siniestra de la codicia humana encarnada en la isla vecina que aspira a la destrucción del futuro.  

Un mundo feliz.- 


Obra vigente a la fecha del siglo XXI; ciencia ficción filosófica demoledora que nos despierta cual mazazo para recuperar al sujeto de la experiencia embebido en sueños tecnolátricos y falsas redenciones de masas. La realidad de estos días, en ciertos aspectos, supera en sadomasoquismo a la ficción distópica que acertó en pronosticar la cosificación de la especie Homo sapiens, lo que se ha venido fraguando a pasos de manicomio desde fines del siglo diecinueve. La sugestión para que el ciudadano sea feliz comprando cosas, embutiéndose comida chatarra, alienándose con la sociedad del bienestar que nos regala la propaganda política, abombándose en redes sociales es un hecho de la mañana a la noche. El embrutecimiento viene con la etiqueta de gratuito y es distribuido en sendas pantallas a todo momento, pero a diferencia del “soma” no inhibe y relaja sino que transfiere al sujeto del desarrollo masificado infelicidad orgánica y metafísica.    

29/5/19

2001: Una odisea espacial


Es de justicia señalar que la idea original de la película 2001: Una odisea espacial, no fue inspirada en la novela homónima.  Cuando el rodaje de 2001: Una odisea espacial, era un embrión en la mente inquieta del cineasta Kubrick -allá por 1964-, se dirigió a A. C. Clarke para que lo instruya en Ciencia Ficción y los posibles escenarios para montar su largometraje en ciernes,  además le pidió que colabore con él como coautor del guión. La idea original de Kubrick no solo se hizo realidad cinematográfica en 1968, para instalarse en la memoria mágica del cinéfilo que visionó y visiona esta obra señera del genial irlandés, sino que vino a ser el disparador que impulsó a la nave interestelar, la mente  de Clarke, a conseguir otras variantes literarias de un mismo tema. Tras terminar la novela -fruto maduro que brotó del guión de la película de Kubrick -, se lanzó a por la saga de Odisea espacial,  y vinieron en el lapso temporal de aproximadamente 29 años, tres tomos más, a saber: 2010, 2061, y cerrando con 3001.

Leyendo 2001, se puede percibir mejor las imágenes de la película (y de paso reconozco que me encantó no prescindir de ellas a la hora de leer la novela que vino después), en particular de las escenas del simio humanoide imbuyéndose del conocimiento que le transmite el monolito azabache para que active el salto genético por sí mismo, (o no lo haga en caso de no tener mente para ello), hace tres millones de años, salto que culminó en el Homo sapiens, bípedo depredador por antonomasia del planeta Tierra. El monolito viene a ser un potenciador de saltos cuánticos acorde a la mente del iniciado, así, para el escuálido individuo al borde de la inanición en una época interminable de sequía hace tres millones, el simio erecto-humanoide que fue llamado a descubrir que sus manos eran herramientas de poder letal, fue como convertirse en un semidios, valiéndose de palancas para asestar golpes mortales a especies mejor dotados que él para la lucha por la supervivencia zoológica. Entendiéndose que hasta antes del monolito era prácticamente un hecho el exterminio del simio humanoide, por la nula evolución mental que proyectaba a futuro, sin instrumentos aún para el dominio del entorno salvaje.

Si la mente del simio humanoide fue capaz de tal prodigio evolutivo, lo que el monolito potenció en el astronauta Homo sapiens de 2001, transcurridos tres millones años desde los albores de la humanidad, es portentoso salto cuántico al dominio de la materia por parte de una mente que no prescribe ante el tiempo.             

22/5/19

El Túnel


El Túnel, no fue el abreboca de la novelística de Ernesto Sabato, sino el golpe de timón que cambió el rumbo de mis días en la vieja Europa, cuando cumplía con la tarea claroscura de hacer ese viaje hacia el fondo de uno mismo, en esto consistió cruzar el charco y ver algo más transcurriendo la veintena. Caminando en las calles enfiestadas por las cafeterías que pululan en el centro histórico de Madrid, fui presa de la paranoia de Juan Pablo Castel, era como si el túnel del pintor lo hubiese tomado yo también, con la salvedad que no habría un crimen pasional en ciernes porque leyendo, como en los sueños, uno puede cometer crímenes sin castigo, tal cual los creadores de novelas cimeras que en su cotidianidad rayan la santidad y en sus ficciones son victimarios.  A Juan Pablo Castel, pintor reconocido, la suerte -groso modo- le sonreía hasta que fue presa de celos enfermizos, esto debido a que se le ocurrió que podía tomar un atajo a la felicidad conviviendo con el objeto de su deseo, María Iribarne.

Cierta anécdota de un lector de El Túnel -que encontré en el ciberespacio, de paseo por la galaxia sabatiana-, cuenta que éste había concluido de leer la novela y que se hallaba conmocionado por el crimen horripilante de Castel, alguna razón lo tenía trasladándose en un taxi a no se sabe dónde por las arterias viales de la megalópolis de Buenos Aires y, parándose el auto en un semáforo en rojo, coincide a boca de jarro con el mismísimo doctor Sabato, él también de pasajero del taxi contiguo. Impulsado por recóndito resorte existencial abre la ventana y le inquiere al escritor “por qué Allende le grita a Castel ¡insensato!”. La respuesta lacónica del maestro fue: “ya te vas a dar cuenta de ello”, o algo semejante. No conozco si el lector de la anécdota encontró lo que buscaba, yo sí creo estar enterado del motivo de Allende furioso recriminando a Castel, ¡insensato… insensato!, fue después de haber retornado lento y parsimonioso a las dos novelas que cierran la trilogía del Caballero de Santos Lugares.                   

26/4/19

Tortugas gigantes de Isla Isabela



 (Chelonoidis guntheri) 

Partiendo del centro urbano de Puerto Villamil, se tiene a mano imperdible caminata de alrededor de 7Km (14Km ida y vuelta) hasta el Muro de Las Lágrimas y el mirador de Colina Radar. Siguiendo la orilla de Playa Grande o el camino a Poza de Las Diablas, se llega a la caseta de ingreso y control del PNG, de aquí en adelante se tiene un sendero ancho de graba ceniza que, dependiendo de la temporada de migración de las tortugas gigantes, ofrece más o menos avistamientos cercanos al espectador. He tenido la fortuna de trajinar por esta zona y toparme en distintas mañanas con individuos perteneciente a las dos especies gigantes que subsisten en estado salvaje al sur de Isla Isabela, Chelonoidis vicina y Chelonoidis guntheri