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    <title>Lovochancho</title>
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    <description>Blog de Juan Arias Bermeo</description>
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      <title>Lovochancho</title>
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 <title>Feria Internacional del Libro Ambato 2012</title>
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<description><![CDATA[Participamos en la primera FIL  Ambato 2012, del  1 al 5 de febrero, con la tienda de Editorial Bípedos Depredadores. El evento se realizó en las magníficas instalaciones de la <i>Casa del Portal</i>, siendo inaugurado por un auténtico hombre de lecturas, Lenín Moreno, vicepresidente de la república del Ecuador, quien en su discurso socrático advirtió que “la verdadera especie en extinción no es el libro sino el hábito de la lectura”. Quedamos agradecidos con los lectores ambateños que adquirieron nuestras obras, la carga de regreso a la cueva del escritor fue bastante liviana.   <br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120206-DSC_6162 - Copy.JPG">Palomas del parque Juan Montalvo</a><br />
<div style="text-align: center"><a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120208-DSC_6166 - Copy.JPG">Sacudiéndose</a></div><br />
<div style="text-align: center"><b>COMENTARIOS</b></div><br />
El escritor lojano Juan Arias Bermeo llegó con las novelas ‘Remoto’, ‘La Soledad del Murciélago’ y ‘De montañas hombres y canes’. “Esta es una buena oportunidad para mostrar mis textos a la población de la Sierra centro. Esto me ayudará a acumular nuevas vivencias que luego describiré en otras obras”. (Tomado del diario <i> El Comercio</i>)<br />
<div style="text-align: center"><a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120206-DSC_6146 - Copy.JPG">GERANIO DEL JARDÍN BOTÁNICO DE AMBATO</a></div><br />
Entre los expositores están el lojano Juan Arias Bermeo, quien manifestó que este tipo de actividades culturales son vitrinas que permiten a los escritores interactuar con los lectores. “De esta manera se apoya para incentivar en los jóvenes y niños el amor a la lectura, no como obligación sino por el gusto que encuentran en una obra”, señaló.  (Tomado del diario <i>El Universo</i>) <br />
<div style="text-align: center"><a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120208-DSC_6185 - Copy (2).JPG">Quiosco #9 - Bípedos Depredadores</a></div><br />
El escritor ecuatoriano Juan Arias Bermeo promocionó su trabajo literario denominado “pentalibro” –una serie de cinco novelas- en la Feria Internacional del Libro Ambato 2012. Aunque el escritor coincidió en la apreciación de que hubo un “flujo minoritario” de visitantes, subrayó que este tipo de eventos deben organizarse en todas las provincias “para que la cultura se reparta equitativamente”. En cuanto a las ventas, Juan Arias Bermeo señaló que estas no fueron menores que en Quito y comenta preocupado que el lector es minoritario en el Ecuador y señala que “la falla está en el sistema educativo” que no motiva a la lectura. (Tomado de la página <i>Cotopaxinoticias.com</i>)<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120206-vice + jab - Copy.jpg">Lenín Moreno - Juan Arias Bermeo</a><br />
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<br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/FERIA+INTERNACIONAL+DEL+LIBRO+AMBATO+2012" rel="tag">FERIA+INTERNACIONAL+DEL+LIBRO+AMBATO+2012</a>, <a href="http://technorati.com/tag/FOTOGRAFÍA+NOVELAS+JUAN+ARIAS+BERMEO" rel="tag">FOTOGRAFÍA+NOVELAS+JUAN+ARIAS+BERMEO</a>, <a href="http://technorati.com/tag/PENTALIBRO" rel="tag">PENTALIBRO</a>, <a href="http://technorati.com/tag/LENÍN+MORENO" rel="tag">LENÍN+MORENO</a>, <a href="http://technorati.com/tag/CASA+DEL+PORTAL" rel="tag">CASA+DEL+PORTAL</a>]]></description>
 <category>Expolibro</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=253</comments>
 <pubDate>Mon, 6 Feb 2012 17:58:38 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>La muerte de mi amorrr...</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=252</link>
<description><![CDATA[Beltrán, abrió la puerta de un puntapié tras desactivar el dispositivo de seguridad que le permite entrar a paso de hombre-bestia a su hogar. Parado en el lujoso y amplio vestíbulo de la mansión ecológica, botando lejos el acolchado maletín ejecutivo fabricado para resistir maltrato inmisericorde, dio otra patada de espaldas para el portazo que inaugure el futuro que tiene frente a sí en la arena de Eros. “¡Doña Fátima, mi <i>amorrr...</i>!”, aulló arrojando saco  y corbata por los aires. “¡Mi tumbadora, mi <i>amorrr...</i>!”, insistió arrastrando las eres del montañés con deleite, echando fuera de sí pantalón, zapatos e interiores, aireándose para las buenas tardes que prodiga a su mujer.<br />
“Voy con tu medicina mi <i>amorrr</i>...”, respondió con un gritillo guerrero doña Fátima, más para su capote que dirigido al lúbrico Beltrán. A esta lucha, la tumbadora, acude con la confianza que le ha dado el haber sobrevivido a cien batallas con resultados muy apretados a favor de Beltrán, pero ella cada vez sintiéndose más fuerte, presintiendo una victoria, la única que requiere para el triunfo definitivo. Silenciosa, montuna, apareció en el cuadrilátero de las pasiones ataviada con la licra de jaguar que el macho endemoniado hará flecos en su frenesí. La pareja asumió una pose de lucha romana, se estudiaron breves segundos con los ojos antes de trabarse en abrazos dominantes; ella defendiéndose, buscando zafarse, con golpes de puño al hígado y los riñones, de las llaves que le aplica el macho alfa ante la urgencia de sus partes erógenas por entrar en hembra salvaje. Aparentemente es una entrega libre y extenuante, de esas dos unidades de carbono, al goce y el dolor marital. Pero no, más allá de esas secuencias de coito a lo desaforado humano, que puede ser dura por deporte y desenfrenada por acuerdo mutuo, es una batalla a muerte real para doña Fátima. <br />
<br />
Los papeles que los Beltrán decidieron representar tras el sagrado matrimonio que cometieron en aras de no ser amantes novios sempiternos, fue de lo más ventajoso en un principio. Como miembros de una clase social que no puede separar lo sentimental de lo público, en palabras de los dos hicieron lo justo para mostrarse como la pareja ideal ante su casta social, encarnando lo romántico y práctico a la vez y, lo agradable, su unión no afectaba a las ambiciones íntimas que tenían por separado, pues no estaban dispuestos a ceder su derecho a mantener realidades que no se amparan en las leyes del matrimonio. Ella llegó al lecho nupcial con la fijación bien guardada de su aversión a ser madre biológica, y en suma de su frigidez para la carnalidad gratuita; ella tendía a la contemplación de su utopía, quería ser madre nutricia de un vástago que no tenga sus genes ni los de su marido, adoptar a un miembro de una raza pura o primordial, un infante de una tribu no contactada o apenas comunicada con la modernidad. Algo complicado en estos días de la mundialización de la estupidez inteligente, donde la pureza radica en lo cibernético tendiendo a la robotización de las masas, y lo que brota de la madre naturaleza es una mala yerba a exterminar. Esta idea fija de doña Fátima hubiese sido muy difícil de explicar al industrial creador de <i>Superhelados Vitamina</i>, y el hombre que escogió para no formar una familia corriente no se percataba de eso porque a su vez estaba ocupado en ocultar su inconfesable virilidad. <br />
<br />
Doña Fátima anhelaba adoptar un niño de progenitores inocentes, alguien que sea capaz de abrir una línea genealógica revolucionaria de cepa, que no se crie cual pajarraco domesticado de esos que al cabo de los años renuncian a volar no por no tener la ventana abierta para hacerlo sino porque se resignan a ser aves esclavizadas, prostituidas como el periodista que nunca escribe para sí en función de entregarse a los demás describiendo manida realidad entre rejas. Por ello, gracias a la dote que recibió de sus padres, y porque era parte de su plan renovar la sangre decadente de sus antepasados incluyendo a un bípedo saludable, primordial, que no tenga la contaminación de los suyos, fue cofundadora de la ONG, <i>Dejémoslos tal como están</i>, que propone no contactar a los exiguos grupos <i>Tagaeris</i> pero sí ubicarlos para defender su derecho a estar desconectados con las civilizaciones del exterminio.<br />
<br />
Beltrán, a cambio, se unió a doña Fátima escondiendo su exagerada sensualidad, esa energía desbocada que lo hacía cliente asiduo de las rameras que consentían y estimulaban por billete al macho endemoniado. Así pasaron, la  primera época de su matrimonio, arrullados por los aires monacales que se respiraban en los predios de los consortes Beltrán. Doña Fátima no exigía satisfacciones plenas a Beltrán en el lecho nupcial, telepáticamente lo inducía a lo contrario, a mantenerse lo más alejado posible de los deberes conyugales. Beltrán no requería de la telepatía de su bella esposa para mantenerse lo más lejos de la tentación de mancillar ese icono de la santidad hogareña,  ella era carne y alma que se conservaban saludables merced a las largas caminatas campestres que hacía en la quinta Salcedo. Él se aferraba a la religión de no ver otra cosa que belleza metafísica en su consorte, y, bajo el pretexto de que roncaba y no quería perturbar el sueño celestial de doña Fátima, se apoderó del cómodo apartamento para huéspedes, siendo que sólo visitaba el palacio de cristal de su mujer fungiendo de católico de cepa, en aras de cumplir con los preceptos del sagrado matrimonio, sacrificándose por el arribo del hijo que tomaría la posta de sus negocios y sobre todo heredaría su poder animal. Así de pacífico era el nido de los Beltrán.<br />
<br />
De repente, como suceden los cataclismos interiores, salió a relucir la verdad entrambos, y a la paz de una unión que únicamente había pactado tener las justas relaciones de alcoba para procrear sin que de por medio medre la lujuria, le sucedió una confrontación  erógena y de supervivencia irremisible. Beltrán supo que doña Fátima nunca le daría herederos y ella enfrentó a la bestia insaciable que la arrastró por el vestíbulo al grito de “ahora, doña mojigata, mi <i>amorrr...</i>, vas a saber lo que es andar en cuatro patas”. Lo<i> lógico</i> hubiese sido que la pareja opte por la separación una vez que se levantó el sigilo con el que habían protegido sus ambiciones secretas, pero se empecinaron en luchar por lo que consideraban su derecho inalienable a realizarse en este mundo a costa del otro. Ambos se iluminaron por separado respecto al futuro de sí mismos frente al amado enemigo, ese que provee las ganas de vivir sin restricciones. Los ojos del macho endemoniado se abrieron como nunca al descubrir el cuerpo plagado de encantos por deglutir de su mujer, se dijo como si hubiese hallado la fuente del placer y la juventud tras siglos de engañarse en los cuartos de las meretrices de Soraya Kandela. “¡Hombre-bestia!, en tu propia casa tenías el maná de lo femenino, la piel de la diosa que nunca ibas a probar en los antros del disoluto... Hombre-bestia, por fin diste con la clave para abrir el sésamo que te brindará los manjares que no se venden en las tiendas de Sodoma y Gomorra...”.<br />
<br />
Doña Fátima, bastante adelantada a las pasiones de su marido -el engendro que reventó para humillar a su cuerpo-, resolvió actuar con inteligencia en favor de un nuevo propósito, el que marcaría el antes y después del día en que fue sometida a los rigores de un Beltrán desconocido, espantoso, pero en sí tan sincero como lo sería el macho cabrío mostrándose ante su aquelarre. Ese monstruo babeante y mugidor era el otro Beltrán, el que surgió de las profundidades del ser ya sin cadenas ni cosméticos que simulen a un hombre civilizado, nada había en el del sujeto que estudió veinte años sin parar incluyendo un posgrado en Notre Dame, ni del industrioso heladero y católico ciudadano de bien. Doña Fátima resolvió quitarse de encima a Beltrán y, lo pasmante, venciéndolo en lucha a muerte cuerpo a cuerpo, para quedarse de viuda reinante, poderosa. De víctima de brutal violación hogareña pasó a ser voraz contendiente del hombre que hizo trizas su burbuja. Se dio cuenta que antes de ser abusada era emocionalmente frígida más que insensible ante el contacto carnal, de aquí que aprendió a cultivar emociones como alguien que recién después de un accidente atroz comienza a tener experiencias vivificantes y asume su condición de renacido para poder hacer, aquí y ahora, realidades que antes no traspasaban su esfera platónica y por ello no se encarnaban. Se había encerrado en su palacio de cristal para no sufrir lo repugnante carnal, por ello nunca hizo mención de raspar en la piel de Beltrán,<i> el bueno</i>, para ver en sus abismos. Para qué iba a arriesgar la felicidad de dos que basaban su equilibrio en el sano desconocimiento de sus intimidades, no podía contrariar la imagen bella que pintó para su hogar desconfiando del otro, “nuestra relación se sostiene en la plena confianza que nos prodigamos el uno al otro”, había sentenciado en el grupo femenino de oración para la autoayuda del jueves durante el café que le tocaba brindar a ella mensualmente. Su casa era el templo de la castidad que disfrutaba con un hombre que parecía ser tan afín a ella como si fuesen hermanos siameses, quien con sus actos generosos corroboró a esa unión, quien fue coautor de ese simulacro de paz bendita por el Señor y que de súbito se resquebrajó hasta los cimientos.  <br />
<br />
“Somos una pareja de otro siglo, no me preguntes si anterior o posterior a Cristo...”, respondía divertido Beltrán al cándido que pretendía sonsacarle intimidades de alcoba. En eso, los Beltrán, jamás dieron pistas concretas de lo que sucedía con sus cuerpos casa adentro, y esa fidelidad de no ser comidilla del chisme se mantuvo hasta el epílogo de su brega callada, interior, y de su contrapunto físico. Nadie sabrá que doña Fátima apenas recibía a Beltrán en su dormitorio los días convenidos por los dos, siguiendo los cálculos matemáticos que hacía la católica (esto sumando a la química que practicaba  para que los espermatozoides esparcidos, -“los beltranejos”-, perezcan sin la menor opción de éxito reproductivo). Doña Fátima no conoció lo que es el placer erótico en las religiosas subidas de Beltrán al púlpito de la procreación, y Beltrán no se percataba de la Venus que tenía en casa por respeto a la pureza de su mujer, estaba conforme con el pretexto que tenía para ser un macho cabrío puertas afuera, y así no delatar al grosero que una vez suelto se volvía incontrolable, esa cara de su libido se reservaba para erupcionar en el submundo de las pupilas de Soraya Kandela.       <br />
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 <category>La muerte de mi amorrr...</category>
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 <pubDate>Wed, 18 Jan 2012 17:46:06 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>EL ALTAR</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=251</link>
<description><![CDATA[<div style="text-align: center"><i><b>ODA A LOS ALTARES</b></i></div><br />
<div style="text-align: center">Al abrigo de la venerable luz de los gigantes andinos,<br />
me lancé a contemplar en el valle artesiforme de Collanes, <br />
aleteé hasta dar con la caldera de la <i>Montaña Sublime</i>. <br />
El circo abrupto de roca oscura venía bañado de neveros colgantes, <br />
de nubes plomizas entre el celeste de una jornada bonancible, <br />
rara por el inusual rapto primaveral que se dio en lo hosco,<br />
inhospitalario con los oriundos de las planicies de la seducción fatua.<br />
</div><div style="text-align: center"><a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120104-DSC_5731 - Copy (2).JPG">Capac Urcu - Montaña Sublime - El Altar - Ecuador</a><br />
Estando el frío viento de asueto había que tumbarse,<br />
sestear frente a las catedrales formando media luna enriscada,<br />
y galopar en pos del llameante elixir del sátiro, <br />
la desnudes de las montañas acariciando el firmamento. <br />
Fragante lecho musgoso era la base del árbol que caóticamente tendía su ramaje artrítico,<br />
fulgurantes fuegos y pardos chamuscados en capas de finísimo papel. <br />
Hacia arriba formando paraguas cargado de vegetación epífita,  <br />
a flor de piso retorciéndose cual anaconda monstruosa de múltiples cabezas. <br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120104-DSC_5972 - Copy (2).JPG">TARDECITA - CANÓNIGO (izquierda) OBISPO (derecha)</a><br />
La salud de la cordillera bajaba en cascadas de lo alto,<br />
para serpentear cristalina entre verdes almohadillas de páramo, <br />
era la música de fondo que prepara los oídos para el maná alado:<br />
escuchar el canto de aves invisibles, el lamento sinfónico del rapaz. <br />
Sin esfuerzo ocular me saciaba de quindes de pecho verde y cola púrpura, <br />
de gorriones atigrados, de ruiseñores ágatas, de tordos azulinos disputando una semilla...<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120104-DSC_5817 - Copy.JPG">El Altar-Ecuador CARA NORTE DEL OBISPO 5.404 msnm.</a><br />
El Obispo comandaba la procesión de cuadros cimeros, <br />
¡oh belleza gélida de puñales naciendo del sereno espejo de una laguna de cremoso ámbar!<br />
Obispo terrible, ataviado de traje negro con vetas de merengue y de rojo ferruginoso, <br />
tu luciferina majestad embruja al paseante que apenas osa mirarte a la tardecita, <br />
animado por los rayos dorados que echa el carruaje halado de venados crepusculares. <br />
“No se te ocurra tocarme, conténtate con refocilarte en mi estampa olímpica”, <br />
advierte su Reverendísima posando entero para el gran angular humano, <br />
ex profeso para que lo grabe en la memoria del vividor de renacimientos. <br />
Obispo lúgubre, exhibiendo en pleno la cara del espanto nos pasmas, <br />
esa gloriosa ascensión a tu testa la reivindicamos con los ojos del espíritu, <br />
y desde ahí caemos mil metros verticales al regazo dulce de las parcas. <br />
Obispo ascensionista, brotaste del ombligo de Gaia cual vertiente Rupal, <br />
siendo el más audaz de los  fenómenos de roca y hielo del Altar.<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120105-DSC_5781 - Copy.JPG">ECUADOR-EL ALTAR - VALLE DE COLLANES - VISTA A OCCIDENTE</a><br />
A paisajes encajonados por empinadas lomas, <br />
revestidas de musgos aterciopelados presidiendo a las cuchillas, <br />
me prendí liviano e intemporal.<br />
¿Quién construyó estas profundidades floridas, estos valles recónditos?  <br />
Desde el mirador de los milenios presentí el derrumbe del antiguo volcán,<br />
portentosas erupciones dieron lugar a regios colmillos geológicos.<br />
El empuje del hielo fósil  formó una  lengua polar entre murallas lisas, <br />
siglos de estable calor diluyeron el glaciar dejando un hondo lago, <br />
y de ahí legarnos la ancha explanada de escoria volcánica, <br />
humedal  que se confunde con herbosas elevaciones<br />
que guardan declive impensado, <br />
sólo hay que raspar para ver sus primitivas paredes.<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120104-DSC_5908 - Copy.JPG">ZAPATITOS DE LA VIRGEN</a><br />
El geólogo se maravilló con esta genialidad de la evolución pétrea,<br />
¡aquí fue poeta por encima de sus elucubraciones científicas!; <br />
¡aquí aun los rebaños de vacas se mimetizan con su pasado salvaje, <br />
son búfalos apacentando alegres en la altitud ecuatorial, <br />
y algunos individuos se atreven a trepar por fieras aristas, <br />
aparentemente prohibidas a su rango de rumiantes de la dicha horizontal!<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120104-DSC_5794 - Copy.JPG">LAGUNA AMARILLA - TABERNÁCULO</a><br />
Iba cambiando de dioramas conforme cerraba los párpados,<br />
los volvía a abrir para dejar que los vapores  viajeros formen otras quimeras, <br />
y se sucedan óleos enmarcado a cada pico, diferenciándolos, <br />
ya otorgándoles personalidad dentro del conjunto impresionista. <br />
Ahí estaba la irredenta Monja Mayor, <br />
¡oh bella palidez, tenebroso mármol esculpido por la genialidad del Tiempo!,<br />
con la frente más ancha porque el marfil de tu velo de encaje se ha ido perdiendo, <br />
eres la ineluctable imagen del hielo fósil retirándose de los montes tropicales. <br />
Ora asomaba, en el centro del circo, el Tabernáculo, <br />
su cresta adornada con un aura triangular lo asemejaba al ojo del vigilante del universo. <br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120104-DSC_5823 - Copy.JPG">EL ALTAR-ECUADOR - MONJA GRANDE</a><br />
Cerrando el desfile de deidades de esta joya terrenal, <br />
en el opuesto rabillo del semicírculo dentado, <br />
dialogando con el Obispo, <br />
se mostraba el bien servido Canónigo, <br />
sobrio príncipe  de Los Altares, <br />
flanqueado por tres adustos frailes de túnica plateada, <br />
asistido por morenos monaguillos hincados,<br />
disponiéndose a despedirse del amparo solar,<br />
y  recibir a la noche de invierno ahíta de reverberos distantes.              <br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20120105-DSC_5996 - Copy.JPG">CANÓNIGO 5.355 msnm.</a></div><br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/ECUADOR" rel="tag">ECUADOR</a>, <a href="http://technorati.com/tag/RIOBAMBA" rel="tag">RIOBAMBA</a>, <a href="http://technorati.com/tag/ODA+A+LOS+ALTARES" rel="tag">ODA+A+LOS+ALTARES</a>, <a href="http://technorati.com/tag/POESÍA+FOTOGRAFÍA+JUAN+ARIAS+BERMEO" rel="tag">POESÍA+FOTOGRAFÍA+JUAN+ARIAS+BERMEO</a>, ]]></description>
 <category>El Altar</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=251</comments>
 <pubDate>Wed, 4 Jan 2012 17:46:59 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>ANIMAL DE FERIA ( posible final )</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=250</link>
<description><![CDATA[Uno se acuerda de tal o cual evento por la manía de comparar, o sea, tanto vendí en la una feria y tanto en la otra, allá me adoctriné más o menos que acá, así usted hace un balance de dónde pisó fuerte, y dónde resbaló. De repente surge el psicoanálisis, la rendición de cuentas existencial, de mis presentaciones con el célebre <i>Asmodeo...</i> que me llevó a ser autónomo. Las vivencias no se dan en proporción al tamaño de las urbes ecuatoriales, no por ser pequeña la ciudad en la que exponía era menos interesante que hacerlo en la capital o en el puerto principal de la nación. <br />
Sucede que en las primeras exhibiciones de nuestro arte, usted aprende el oficio de vendedor a conciencia, y por eso las quiere como a hijos inválidos que lucharon con fiereza en desigual batalla haciendo que sus nietos cosechen la miel de sus sacrificios. Y lo que relato está incluido dentro de ese período debelador de las primeras exposiciones. En uno de esos días atareados del animal de feria me topé con los dos tecnócratas que disputaron agriamente en la fiesta de despedida, algo mareados por el  whisky escoces que ingirieron y el retumbar del <i>revolconche</i>, debido a mi decisión de renunciar a la paz de la <i>bodeguita del medio</i>; y, la reacción <i>sobria</i> de éstos, por separado, fue paradójica. El abogado de coactivas que defendió con ardor mi futura ocupación libertaria simuló no verme tras la tienda y, mojigato, se esfumó entre el gentío sin devolver la mueca de reconocimiento cordial que le brindé a tres o cuatro pasos de estrechar manos; parecía que iba a entrar en la zona de acción del escritor, pero mantuvo la distancia y viró raudo a la izquierda confundiéndose con la algazara de un grupo de púberes, perdiéndose con éstos en el puesto de los mini-libros de a dólar de los peruanos. Mientras el ingeniero ergonómico que despotricó contra la insensatez de entregarse a la incertidumbre, el que me consideraba un necio por no saber resignarse al lugar que a usted le reserva el hado en el aparato estatal, se acercó de frente a responder a mi gesto parco pero atento que le dirigí ya entrando en la zona de alerta del vendedor, poniéndose a tiro de extenderle el libro para que lo revise, en eso no he sido melindroso, aprendí rápido a no discriminar, usted no sabe quién se va a llevar su obra y puedo aseverar que la gente da sorpresas, de pronto las personas que se muestran más informales, o menos aparentes para hacerle el gasto, han sido las que han colaborado sin chistar con la noble causa del autor-editor. El que yo creía mi contradictor vino sin desviar los ojos hacia el libro que le estiré impúdicamente; lo hizo pasando del preámbulo de saludos hablados inquiriendo novedades mutuas, entró de lleno a hojear la obra entre manos. El ingeniero ergonómico por primera vez clavó sus ojos en los míos y nos comunicamos como si hubiésemos sido viejos colegas y amigos, adquirió el libro con la alegría de alguien que se lleva un hallazgo, se fue desternillándose de risa, aullando, “¡oiga, caballero, qué bueno está esto de <i>Asmodeo de picnic con sus novias del ciberespacio...</i>!”. <br />
<br />
El artista es psicólogo innato. En las <i>fiestas del saber</i>, usted se nutre del espíritu humano sin esforzarse, cada individuo que traba conversación, murmura, o apenas gesticula en el gran angular del espectador, se convierte en una manifestación psicológica ipso facto, y usted ahonda y convalece de su propia neurosis merced a la fauna humana que circula distraída, sin percatarse que el quiosco tiene ojos de águila y memoria de elefante. Las ferias de libros fueron la realidad más fantástica que pude percibir desde la cordura que adquirí calzando el habito de la estulticia, y el encierro en la<i> bodeguita del medio</i> me preparó para esto mejor que si hubiese estado de discípulo de los loqueros académicos una década. Aquí hay que verla a la gente cómo responde con sus arquetipos a flor de piel ante la literatura de la mata a la olla y de la olla al cuenco y del cuenco al caletre. ¡Cómo no reflejarnos en ese espejo corriente! <br />
<br />
Aconteció lo que quise que pase en el justo espacio y tiempo que nos concedimos para evolucionar como creadores y endurecernos al son de resistir a la contaminación que trae lo de consagrarse en esta porción de planeta. Me fue monetariamente bien en lo de expositor, resulté un vendedor de envidia del otro, del espectador, pero en el precio que tuve que pagar para dar a conocer al escritor vino incluido el peligro de anquilosamiento y con ello el riesgo eminente de contraer el mentado Síndrome del Animal de Feria. Saqué y vendí once ediciones de lujo, de a doscientas copias cada una, en diferentes fiestas del libro, fiel al lema de “arte por dentro y por fuera”. Los libros salieron a la luz mediante la máquina de escritorio que fabrica veinte unidades diarias como si las manos de un hábil artesano las hubiese tejido. Formidable nano-imprenta al servicio del creador, liberándolo de costosos acólitos, montando su fábrica de dolores sublimes al amparo del hogar campestre que alquiló de por vida. Estas pequeñas ediciones nos dieron el prestigio del francotirador apostado en el otro lado de los círculos del abotargamiento, sacaron de apuros al hombre que se prometió una literatura que lo meta a construir el entorno y ambiente para vivir saludable, exento de ambiciones sociales y ajetreos en la cultura de salón.   <br />
<br />
Había escogido la sencillez perfumada del jardín de flores del aire, y de la huerta de hortalizas como horizonte inmediato; los justos sembrados de maíz ondulando en la cañada, haciendo el panorama contiguo al río <i>Cabra</i>; y las lomas henchidas de ceibos cortejando a las ceibas de fuertes pantorrillas. Mis ojos al anochecer y al amanecer son esclavos de las lejanías de una cordillera arrugada de bajo nivel, añejada en los verdes pardos que inyectan los siglos. Usted no tiene que forzarse para seguir el auténtico camino una vez que se insertó en él para ir dejando atrás los rodeos que lo hacían verse perdido en una bruma insondable. Durante el lapso de la <i>bodeguita del medio</i> se dio el largo preámbulo de un río estrecho plagado de meandros que sólo nos hacían vislumbrar el futuro, como en los ensueños que estando despierto son paradisíacos y dormido son pesadillas. El limbo sirve para preparase a hacer el purgatorio; “la fiesta del libro” fue un purgatorio, a veces usted está colindando con los cielos y otras tantas se halla en la frontera con los infiernos, hablo de nuestras propias zahúrdas y nirvanas. No somos seguidores de salvaciones donde usted no ejerce ápice de su albedrío; para demonios, los míos; para redentores, los míos. <br />
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Llegó el momento de retirarme a escribir mi nuevo libro. Mientras sudaba la lengua del astuto vendedor de la onceava edición de <i>Asmodeo...</i>, y amaba a los que la compraban aunque sea para tener mi obra de adorno en sus estantes de teca, y nos volvíamos odiosos ante los colegas cianóticos que habían contraído el SAF, imaginaba el cuento o relato que inicie un flamante ciclo de ficciones. Ya esbozaba escenas de carnalidad sadomasoquista entre los muros benditos de una mansión de la alta burguesía, habitada por la pareja que puertas afuera era ejemplo de pudor y moderación ciudadana. De súbito escuché la voz del sátiro acaudalado que cerrando con rudeza la puerta del vestíbulo de su palacete, aullaba cual poseso lascivo, arrastrando con fruición las eres del serrano: “¡mi amorrr…!”. Y la mujer-pantera desde algún punto del laberinto casero respondiendo con un gritillo que no denotaba terror, sumisión ni deseo, sino íntimo sarcasmo. Ella se decía para sí misma, casi feliz: “¡voy con tu medicina, mi amorrr…! No tomé notas de eso, tampoco de lo siguiente que se me venía como una cascada de imágenes pidiéndome escritorio y lomerales de baja intensidad en las ventanas, y un tiempo equiparable al que me tomaron elaborar y vender las once ediciones de <i>Asmodeo...</i> La historia crecía en mi cabeza como un cerco de cáñamo que va dividiendo las parcelas que sembraremos en el futuro, en la hora que será propicio hacerlo. Usted puede volar lo quiera en la contemplación del ocaso y la aurora, pero de ahí a lograr la acción, página a página, del conjunto que se ha propuesto, es otro andar. Cada página es un cuadro como lo haría si fuese el creador del mundo pictórico que podría llamar, “La edad del cannabiscultor”.    <br />
	<br />
La huida tiene que darse el momento oportuno, cuando hay capacidad suficiente de maniobra, si no se convierte en desbandada y desastre infructuoso, y vendría a ser la verdadera derrota. Irse habiendo amenazado que usted va a regresar con la doceava edición de <i>Asmodeo</i>... para hacerla desaparecer en la feria tal, es la retirada más deliciosa y ordenada que se puede fraguar. Le da un abrazo al género <i>animal de feria</i>, un nos vemos en el próximo “reventón de la imaginación”, y ya no sale de casa sino para caminar pegado a las sinuosidades primitivas del río <i>Cabra</i>, se queda ahí a punto de ser moderadamente dichoso con una producción que no provoca resaca y proscribe al SAF. La soledad es la consorte ideal y consejera genial del artista, usted puede serle infiel a ella y no lo echa a la calle por sus debilidades masculinas, lo recibe con renovado <i>amorrr</i>... <br />
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<br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/ANIMAL+DE+FERIA" rel="tag">ANIMAL+DE+FERIA</a>, <a href="http://technorati.com/tag/LITERATURA+INÉDITA" rel="tag">LITERATURA+INÉDITA</a>, <a href="http://technorati.com/tag/JUAN+ARIAS+BERMEO" rel="tag">JUAN+ARIAS+BERMEO</a>]]></description>
 <category>Animal de feria</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=250</comments>
 <pubDate>Wed, 14 Dec 2011 18:03:43 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>Feria Internacional del Libro, Quito 2011 (imágenes)</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=249</link>
<description><![CDATA[Agradecemos a los lectores que adquirieron uno o más libros de las cinco novelas, o el<i> Pentalibro</i> entero, de Juan Arias Bermeo. En la tienda de Editorial Bípedos Depredadores, superamos la prueba difícil por antonomasia ante la aristocracia lectora de este pedacito de Gaia, la banda <i>Devoralibros</i> y la banda <i>Posacadémicos</i> se llevaron nuestra obra.     <br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111215-DSC_6125 - Copy (2).JPG">FIL QUITO 2011- PANCHO - YOAN - JESSY</a><div style="text-align: center"><a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111206-DSC_6129 - Copy.JPG">DEVORADOR DE LIBROS</a><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111206-DSC_6128 - Copy (2).JPG">DEVORADORES DE LIBROS</a><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111206-DSC_6127 - Copy (2).JPG">DEVORADOR DE LIBROS</a><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111215-DSC_6095 - Copy.JPG">FIL QUITO 2011 - DANA</a><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111206-DSC_6100 - Copy.JPG">POSACADÉMICOS</a><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111215-DSC_6122 - Copy (2).JPG">POSACADÉMICOS</a><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111215-DSC_6106 - Copy (3).JPG">POSACADÉMICOS</a><br />
</div><br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/FERIA+DEL+LIBRO+QUITO+2011" rel="tag">FERIA+DEL+LIBRO+QUITO+2011</a>, <a href="http://technorati.com/tag/PENTALIBRO-DE-JUAN-ARIAS-BERMEO" rel="tag">PENTALIBRO-DE-JUAN-ARIAS-BERMEO</a>, <a href="http://technorati.com/tag/BANDA+DEVORALIBROS" rel="tag">BANDA+DEVORALIBROS</a>, <a href="http://technorati.com/tag/BANDA+POSACADÉMICOS" rel="tag">BANDA+POSACADÉMICOS</a>, ]]></description>
 <category>Expolibro</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=249</comments>
 <pubDate>Tue, 6 Dec 2011 18:00:00 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>Feria Internacional del Libro, Quito 2011</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=248</link>
<description><![CDATA[Invitamos a los lectores a que se acerquen al quiosco #25 de Editorial Bípedos Depredadores, en el Centro de Exposiciones Quito, Pabellón Simón Bolívar, donde estaremos exhibiendo nuestras obras desde el 25 de noviembre al 4 de diciembre. Presentaremos las novelas inéditas <b><i>La soledad del murciélago</i></b>, y <b><i>De montañas, hombres y canes</i></b>.<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111206-Publicaciones Juanito A (3) - Copy.gif">FIL QUITO 2011 - DE MONTAÑAS - LA SOLEDAD DEL MURCIÉLAGO</a><br />
<b><i>La soledad del murciélago</i></b>.- El murciélago contempla en el postrero instante urbano desde el palacio de Guápulo, viene colgado de la luna llena que le ofrece la gradiente andina. Esta claridad nocturna de tierras altas ensalza el adiós a La Medusa Multicolor, la ciudad que no volverá a patear con piernas de homínido ni sentirá de nuevo con su máquina animal voladora. Con la corriente eólica propicia hará el traslado aéreo más extenso de sus días, para posarse sobre el higuerón elegido como su definitivo hogar y santuario dentro de la amazonía, en el segundo anillo acuático de Pelancocha. Por costumbre, y porque así lo requiere su despedida del mundo de la luz artificial, se apresta a sintonizar las ondas de radio-libre Marañón, donde se dará un tiempo de adioses al finado marqués, Salvador Pineda Pinzano, el último de la estirpe de Olivares y Yaguarzongo. <br />
<div style="text-align: center"><a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111207-DSC_6091 - Copy (3).JPG">FIL QUITO 2011 - JUAN ARIAS BERMEO</a></div><br />
<b><i>De montañas, hombres y canes</i></b>.- En esta novela se suceden once episodios en las diferentes montañas que hacen el círculo mágico de Lovochancho, de Kantoborgy y sus canes. La perra Panda juega a las escondidas, entre las dunas de Krizofilax, con el dragón escurridizo. El macho alfa dominante de la jauría, Pincho, azuzado por su hipo de pastorear, comete un salto mítico al pie del Cóndor de Piedra. Fifiriche, una pequeña hembra de cairn terrier, es rescatada de su extravío en la línea que une a Los Pichinchas. Kantoborgy es el supremo escalador que se prepara para su último reto himaláyico, y está a la espera de ir a por la velación de las armas de escalar en las ruinas de Galadriel. Lovochancho se lanza, en soledad radical, a exorcizar sus demonios sobre las cumbres del Sincholagua y el Corazón. Como invitado a renacer con los jardines andinos está Lester González, que retorna a ver a sus amigos de escuela y secundaria para descubrirse en la altitud de Gea. <br />
<br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111124-R, R, V.jpg">REMOTO - RUINAS - VIRUS</a><br />
<i>La soledad del murciélago</i>, cierra el ciclo de ficciones de Juan Arias Bermeo que se inició con<i> Remoto</i>, <i>Virus del sentimentalismo</i>, <i>De montañas, hombres y canes</i>,  <i>Las ruinas de Galadriel</i>. Son cinco novelas que dentro de su variedad tienen hilos que entrelazan a sus personajes. Hay un poder que los une: inventar el mundo que quieren. <i>Aprender a existir es el arte de la mutación. Vida/Muerte es la antinomia indivisible que tiene un mismo fin: transmigrar. </i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111206-DSC_6071 (3).jpg">QUIOSCO DE BÍPEDOS DEPREDADORES</a><br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/FIL+QUITO+2011" rel="tag">FIL+QUITO+2011</a>, <a href="http://technorati.com/tag/AUTORES+EDITORES" rel="tag">AUTORES+EDITORES</a>, <a href="http://technorati.com/tag/DE+MONTAÑAS+HOMBRES+CANES" rel="tag">DE+MONTAÑAS+HOMBRES+CANES</a>, <a href="http://technorati.com/tag/LA+SOLEDAD+DEL+MURCIÉLAGO" rel="tag">LA+SOLEDAD+DEL+MURCIÉLAGO</a>]]></description>
 <category>Expolibro</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=248</comments>
 <pubDate>Thu, 24 Nov 2011 18:00:00 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>ANIMAL DE FERIA (VII)</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=247</link>
<description><![CDATA[La ministra del bautizo literario de entonces pasó a ser ministra de otro portafolio más rentable, de esos que exacerban los anhelos progresistas de la patria. No obstante, no se alejó del hábitat de las ferias, quedó como embajadora de honor de nuestra cultura equinoccial, a la par fundó una empresa de servicios libreros que hacía legalmente jugosos negocios con el Estado, y de media poeta nacional se elevó a poetisa intercontinental.<br />
 Mas, lástima, de sopetón,<i> La Colorada</i>, había dejado de ser encantadora, eso me participó apenado el cristiano librero, que no la veré más en su apogeo de noble dama romana susurrando “conque tenemos a <i>Asmodeo de picnic...</i>”, y envolviéndome con su hálito de aromas de dátiles de la media luna. Para nosotros su imagen quedó indeleble, mejor expresado la congelé en  su porte de breva a punto de caer en mis brazos de tan carnosa y madura. Dejaron de apodarla <i>La Colorada</i> porque se le perdieron, ¡tan pronto!, los rubores naturales con los que la vi embestida en mi desfloración ferial. Dicen que la mujer anda cianótica y tirando a escuálida, pero continúa fiel al arte por el arte, y al arte por encargo. “<i>La Colorada</i> ya no existe, ahora los de la oposición la motejaron de <i>Ministra-librito</i>, y por aquí sin ser antigobiernistas también. ¡Qué pena! ¿Sabe porqué degeneró esa gracia, tenía su cuerpo, le consta a usted...? ¿Se acuerda cuando le obsequió el <i>Asmodeo...</i>? Es lo que yo he denominado el Síndrome del Animal de Feria, apenas preste atención a los colegas y hallará que de a poco todos nos iremos contagiando, incluido usted, si no ponemos pies en polvorosa...”, advirtió lapidariamente el librero cristiano, con el que sin mezclar nuestras posiciones espirituales y evolutivas, supimos congeniar. No me afectó el flamante disfraz de la <i>Ministra-librito</i>, esa desconocida, ¿quién demonios será...? Uno se queda con la semidiosa metida en carnes, la que usted construyó prescindiendo de lo biodegradable, y a <i>La Colorada</i> de ensueño no le pasa un día, está incólume.        <br />
<br />
Un ministro imberbe, larguirucho, escritor de cuentos macabros con mensaje, motejado en el circo editorial como el <i>Mechoso</i>, reemplazó a la inefable <i>Colorada</i>. De entrada el hombre parecía revolucionario y sufrido por la falta de amor a los libros duros por parte del gran público. Sin embargo fue contratado para hacer política cultural, y manejaba correctamente los dineros que otorga el gobierno al sector librero, continuando la moda de prometer paraísos terrenales si se lee cualquier cosa, y mientras más dulce y esperanzador sea el contenido, mejor para los entes que conforman el gran país de la resignación. Este es el juego de meter letras a las masas a fuerza de tirabuzón. Usted ve la cara linda de las exposiciones, libros relucientes, música pimentosa, diversión infantil, ojos y dientes repartiendo alegría incontinente, y si tiene apetito cae en una presentación que glorifica al autor con sabrosos tentempiés criollos. Con ese ambiente Disney no va a sospechar que dentro de las ferias pulula un virus que ataca en exclusividad a los expositores. La alerta se dio sólo casa adentro, de pabellón en pabellón, por espíritu de cuerpo y fidelidad entre los propensos a ese cáncer. Casa afuera seguro que usted no habrá oído nada al respecto, perdiéndose cualesquier rumor en el extenso mapa de enfermedades antiguas y nuevas que aquejan a la humanidad mortal.<br />
<br />
Mire usted las coincidencias con el librero cristiano, si no estábamos de inmediatos vecinos de tienda, nos colocaban en el mismo corredor. Yo enviándole ateos en busca de una literatura que los consuele, y él mandándome cristianos nihilistas en pos de un lenguaje que los remezca de pies a cabeza, gente con hambre de zambullirse en <i>Asmodeo...</i> No hacíamos alarde de nuestra tácita colaboración, ni nos pusimos de acuerdo para ello, jamás decíamos te mande a tal o cual a ver si te hace el gasto, fue una empatía espontánea sin haber leído una línea de nuestras propuestas literarias ni intercambiar obras opuestas tanto en el contenido como en la forma, lo de él autoayuda popular de a dólar y cincuenta centavos, lo mío un mazazo a la conciencia dormida de a veinticuatro dólares. Su amplio quiosco solía estar repleto de feligreses; el mío asaz más pequeño era visitado de uno en uno, de dos en dos, de a cuatro ya eran multitud. Bastó con hablar diez minutos de lo que a cual le exigía a la vida para saber de lo que íbamos. “Para qué engañarnos con nuestras diferencias, usted no me va a convencer de lo contrario a mí ni yo a usted, así que mejor seamos amigos distantes... ¿Qué opina?”, dijo él con caballerosidad. Hasta la fecha, habiendo ambos abandonado por salud las exposiciones, seguimos siendo inmejorables amigos distantes.                          <br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/ANIMAL+FERIA" rel="tag">ANIMAL+FERIA</a>, <a href="http://technorati.com/tag/FICCIONES+INÉDITAS" rel="tag">FICCIONES+INÉDITAS</a>, <a href="http://technorati.com/tag/JUAN+ARIAS+BERMEO" rel="tag">JUAN+ARIAS+BERMEO</a>]]></description>
 <category>Animal de feria</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=247</comments>
 <pubDate>Wed, 9 Nov 2011 19:38:22 -0600</pubDate>
</item><item>
 <title>Flora del volcán Cotacachi</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=246</link>
<description><![CDATA[<div style="text-align: center"><i>LUPINUS MICROPHYLLUS</i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111028-DSC_5469 - Copy (2) - Copy.JPG">FLOR DE ALTITUD Y RESISTENCIA</a><br />
Flor diminuta (1 a 2 cm.), en las rocas cimeras del Cotacachi, a 4700 msnm.<br />
</div><div style="text-align: center"><div style="text-align: center"><i>LORICARIA FERRUGINEA</i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111028-DSC_5445 - Copy.JPG">LORICARIA</a><br />
<i>CASTILLEJA FISSIFOLIA</i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111019-CASTILLEJA FISSIFOLIA.JPG"></a><br />
<i>GOUDOTII JAMESONIA</i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111019-GOUDOTII JAMESONIA.JPG"></a></div><br />
<i>HUPERZIA CRASSA</i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111028-DSC_5426 - Copy.JPG">HUPERZIA CRASSA</a><br />
<i>CALCITIUM REFLAXION</i><br />
<a href="http://kantoborgy.com/lovochancho/media/2/20111028-DSC_5486 - Copy (4).JPG">ARQUITECTO</a><br/><br/>tags: <a href="http://technorati.com/tag/FLORES+DIMINUTAS+ALTITUD+COTACACHI" rel="tag">FLORES+DIMINUTAS+ALTITUD+COTACACHI</a>, <a href="http://technorati.com/tag/FOTOGRAFÍA+IINÉDITA" rel="tag">FOTOGRAFÍA+IINÉDITA</a>, <a href="http://technorati.com/tag/JUAN+ARIAS+BERMEOA" rel="tag">JUAN+ARIAS+BERMEOA</a>]]></description>
 <category>Cotacachi</category>
<comments>http://lovochancho.com/index.php?itemid=246</comments>
 <pubDate>Wed, 19 Oct 2011 18:23:51 -0500</pubDate>
</item><item>
 <title>ANIMAL DE FERIA (VI)</title>
 <link>http://lovochancho.com/index.php?itemid=245</link>
<description><![CDATA[No quise saber de intermediarios para el reto que tenía que enfrentarlo al margen de ediciones decadentes; la época se presta para que usted sea además de creador, editor e impresor autosuficiente, dentro de casa. Puse bastante terreno de por medio con mi pasado, renací a cientos de kilómetros de la metrópoli donde crecí abrumado por la consigna de ser alguien en el escalafón de las termitas. Se presentó la oportunidad de alquilar de por vida el hogar rústico de mis sueños, una mansión de adobe. Adquirí una mañana perpetua en la cañada subtropical de San Epifanio del Monte, me alcé con el solar a la sombra de bosquecillo de especies arbóreas endémicas que llegan al río <i>Cabra</i>, aún primordial y sinfónico. <br />
No puedo vivir más cerca de la materia floreciente y tan lejos íntimamente de la alienación consumista. La plata que obtuve de la <i>bodeguita del medio</i> fue convertida en suelo sagrado. ¿Cómo pedir más paz y silencio fragante para montar la portátil maquinaria que echó a caminar al animal de feria? Produje doscientos libros por vez, hice once ediciones de lujo de <i>Asmodeo</i>... Fueron copias de belleza incontrastable, una obra de arte rotunda. Lo anuncié en las ciudades de la patria que visité con mi tienda ambulante: “Ofrecemos arte indeleble por dentro y artesanía por fuera, hecho para lectores y coleccionistas exigentes”.  <br />
<br />
Hice el trámite pertinente para inscribirme como autor-editor en la honorable Cámara de Ediciones Independientes de América Latina (CEIAL),  institución cultural interamericana de corte autónomo y sin fines de lucro. La CEIAL, no colocó ninguna traba para dejarme saltar al cuadrilátero literario ecuatorial con el nombre obvio que quería para mi sello, Editorial Animal de Feria. Usted es mejor recibido por la gente que no ha tenido idea de lo que hace, cuando manifiesta sin ambages: esto es lo que tengo y esto es lo que ofrezco. Así obtuve mi primer quiosco en una exposición cosmopolita, y puse a mover la cosa desde las alturas, pues me estrené como amo del oficio de autor-editor en la loma de Itchimbía, llegué cual invasor huno, sin mostrar la menor afición por las costumbres editoriales. Nada de cóctel de lanzamiento con momias introduciendo nuestra obra. No íbamos a hacerla comidilla de cualquier transeúnte con ganas de un pastelillo y sin el menor deseo de oír fantasías juiciosas de lo que usted escribe para sí mismo, y, por añadidura, desde su invisibilidad, para el planeta de los vividores. Tampoco hubo partes a los entes mediáticos ni venias a escritores arruinados por la consagración en nuestro pedacito de Gaia, venerables plumíferos que desconozco y, por democrática correspondencia, hasta la fecha ellos tampoco tienen noción de qué hago en el coto de las letras equinocciales. Mutuamente nos hemos librado de toparnos en los paneles henchidos de aspiraciones mundanas. ¡Santa paz librera, cada quien con su pabellón! <br />
<br />
En Itchimbía salieron a la luz ciudadana los cinco cuentos largos que elucubré en las horas monacales del almacén, reunidos para el tomo de <i>Asmodeo</i>... De entrada vi en el escenario de las ferias de libros (tan deslumbrante como la zona Disney, oliendo a <i>pinoklin</i> como los supermercados, ruidoso como un terminal aéreo…), y se desataron las tendencias de los tipos psicológicos humanos ante mis sentidos entrenados en el silencio. Fue instructivo “el reventón de la imaginación” –como rezaba la leyenda oficial de la exposición en la que nos inauguramos-. Desde el vamos y hasta la última función del quiosco mío, fue revelador el contacto directo con la gente y sobre todo con nuestros exclusivos lectores. No daba crédito a mi repentina sociabilidad. Lástima que tuvimos que salir de ese ámbito huyendo antes de que nos contagiemos con el Síndrome del Animal de Feria, SAF, por sus siglas secretas entre nosotros los expositores.<br />
<br />
La primera salida a la arena de Itchimbía fue la más patente, un curso intensivo de modelación del vendedor, y de cómo perder dosificadamente la vergüenza del escritor dentro del abigarrado comercio de las letras. Nos tocó ensayar en la feria principal del país, y mostré disciplinada informalidad. Había cumplido con los requisitos de participación y estuve absorto en medio del concurso de eminencias literarias. Los más llamativos eran los funcionarios del estado señalados en el ámbito nacional como medios poetas, y medios narradores, y medios periodistas, y medios famosos por su versatilidad política. La duda de si llegaba el primer mandatario se mantuvo hasta el final, sólo se disipó cuando tomó la palabra cierto subsecretario y dijo que el hombre se había mostrado compungido por no poder asistir debido a imponderables del majestuoso ejercicio de sus complejas funciones. “Ustedes están al tanto... El Jefe de Estado también tiene un espacio para mostrar sus libros aquí en Itchimbía, y le hubiese encantado celebrar con nosotros esta jornada del saber, ustedes me entienden...”.  A la verdad que el francotirador agradecía estar por fuera de esos círculos del seudopoder. Pobres, daba grima verlos más que de oírlos a los habladores de turno del gobierno de paso, aunque estreñidos por el trajín politiquero que los exprime de la noche a la mañana, se dan modos para proclamar su amor por el arte por el arte, y el arte por encargo. “Esto me anima”, me dije divertido por la lánguida oda al escritor y sus secuaces que hicieron las máximas autoridades; y los sufridos invitados de honor acolitando lo que venga, dando realce a la apertura del magno evento sonriendo a trochemoche. Acabando los discursos volví corriendo a la tienda porque me chismearon que la ministra, “La Colorada”, mujer que destacaba por su tipo dentro del conjunto abridor de la fiesta del libro, iba a desfilar con su séquito por los corredores y tal vez por mi pabellón, y a lo mejor impactarse con la pancarta de Editorial Animal de Feria, y de ello pararse a solicitarme exhaustiva información de mis ambiciones literarias. <br />
<br />
“¡Ahí viene, ahí viene...! Aproveche usted y cuando pase<i> La Colorada</i> regálele su obra, es exorcizar al demonio de la feria, usted libera tensiones obsequiando el primer libro de su producción y vale de amuleto. Le traerá suerte, ¡hágame caso!”, espetó el vecino izquierdo de mi quiosco, veterano luchador de exposiciones, librero cristiano de barba gris y biblia en mano, constante recitador de su fe después de haber superado prueba atroz que le plantó su pasado bohemio, y, por inercia, escritor de relatos de autoayuda general. No perdía nada bautizándome de ese modo. La ministra se acercaba cabeceando de banda a banda por el corredor, viendo y no viendo la múltiple oferta a sus costados, sonriendo repetía altiva pero con sencillez campechana a la vez, “¿todo bien...?”, y los aludidos contestaban educados: “Sí, ministra, todo bien”. El estado costeaba la feria y si a usted no le gustaba lo que éste ha hecho por usted sólo le quedaba mandarse a mudar sin protesto. Y, a la verdad, yo estaba bastante cómodo, expectante en mi quiosco, cual araña orgullosa de su red psicológica. Todo estaba rodando como si el director de esa escena fuese yo mismo, y eso hacía que sea irreverente. El miedo al mañana se ancló en la <i>bodeguita del medio</i>; en mi tienda, a cambio, se deglutía el instante a fuerza de hacer que reviente el inmediato futuro. “¡Señora ministra...!”, aullé en el momento preciso, de pie y alzando mi libro con la diestra. “Revise esto, por favor…”, añadí con el refuerzo positivo de extenderle el libro que ella lo tomó entre sus finas manos dando un paso hacia adelante, el que la colocó de cara a la tienda y al chagrillo de afiches y letreros para llamar la atención del transeúnte curioso.  <br />
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“¡Guapa,<i> La Colorada</i>, tiene su cuerpo y gracia!”, exclamó después de mi bautismo, con apostólica picardía, el librero cristiano. “Sí, donosa, la señora”, respondí algo arrebolado. En sí, de La Colorada (y su traje sastre impecable, azul marino, bien amoldado a su porte maduro), me arribó el perfume incisivo de almendras, me llegó la imagen de alguien que posa como si estuviese perseguida por doquier de una cámara o un micrófono. Me preguntaba: ¿Cuán bella sería esta gentil mujer espontáneamente relajada ante la música del río cristalino de mi morada agreste? Todavía puedo inventarla ajena a las caretas que escogió para ser ella, La Colorada, funcionaria versátil en la cúspide del maremágnum ministerial. La señora hizo  ademán de leer la reseña de la contratapa, mas prefirió acariciar con sus delicados dedos la portada, donde dríades voluptuosas convidan exquisiteces gastronómicas al señorito agasajado en el parque japonés. “Conque tenemos a <i>Asmodeo de picnic con sus novias del ciberespacio</i>...”, susurró ella acusando en su rostro oval, de natural sonrosado, un rubor extra por el atrevimiento de no haberme contentado con el “¿todo bien...?” que repartía gratuitamente. Qué me costaba decir “sí, todo bien, ministra”, como el resto de expositores, si no iba a ganar un centavo con ese acercamiento. Pero sí gana usted, gana lo que le sirve para hacer eso que se llama <i>reorganización retrospectiva</i>, pintar al otro después de meses o años, así el perfecto desconocido pasa a ser parte de la flora y fauna de nuestra creación. Tras la sonrisa de rigor apagada, ella atinó a decirme con una mueca diplomática, no la de ordenar como debe ser su inveterada costumbre en la pirámide ministerial, sino para zanjar la incertidumbre, “¿me lo está vendiendo...?”. “No, señora ministra, se lo obsequio”, dije con sobriedad, y el librero cristiano que más parecía ser parte del cortejo oficial, flameó el pulgar hacia arriba en señal de triunfo. Así se marchó mi primer ejemplar de <i>Asmodeo</i>..., en brazos de La Colorada. ¿Ella habrá leído, archivado, regalado o botado, mi libro?: no sé ni me importa. Lo que me sedujo es que se fue con <i>Asmodeo</i>... pegado a su corazón. <br />
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 <category>Animal de feria</category>
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 <pubDate>Wed, 5 Oct 2011 19:00:00 -0500</pubDate>
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 <title>ANIMAL DE FERIA (V)</title>
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<description><![CDATA[Me organizaron sentida despedida los compañeros de la Asociación de almacenes del estado, en cuya directiva fui años suplente del vocal de Relaciones Públicas de turno. No sé porqué me escogían en la lista ganadora para reemplazar al titular que jamás me dio chanche de hacerlo, no escuché de uno de ellos decir: “Oiga, no sea cruel, acuda usted a tomarme la posta en la sesión de la junta directiva y de paso gánese unos verdes para el mote con chicharrón...”. Acepté ser sempiterno suplente sin chistar, así no hería susceptibilidades, además que era un nombramiento inocuo, ni quitaba ni ponía nada a mi ensimismamiento. Será que me tomaban en cuenta por lo que me dijo la simpática señora de la limpieza de los viernes, “es que usted tiene cara de filósofo en extinción... Mejor ríase, y de paso está en los créditos de la revista gremial”. <br />
Muy agradecido he quedado con los compañeros de la asociación, fueron sensatos, obviaron discursos horripilantes y, sobre todo, no me extendieron la impepinable placa de latón, o sea el recordatorio de lo que uno no puede echar a la desmemoria así nomás: doce años de sabroso monólogo en <i>la bodeguita del medio</i>. La emoción del adiós la pusieron las lágrimas de la señorita T., mientras bailábamos el afamado ballenato de principios de siglo,<i> El revolconche</i>, cuyo estribillo medular me calzaba a medida, “...el jugador necio pierde por capricho, tú lo quisiste, sufre el nuevo amanecer, no te resignes, no te resignes…”. La señorita T. lloró en mi hombro con la discreción que es de apreciar, susurrando pidió disculpas por haberme seducido y de golpe destruir el pacto de fidelidad a la mágica. “Pobrecito, sé que te han dejado en soletas y por eso te lanzas a la calle desesperado, a buscarte las habichuelas en la leonera del quita y pon del comercio particular”, gimoteó casi sonriendo para darme valor. Y yo consolándola con la verdad que a ella le podría sonar a enajenación: “Por favor, no te culpes, sin proponértelo fuiste parte del envión que necesitaba para afrontar los días fuera de la bodeguita del medio”. “Qué loquito está mi amor de cuarto de hora, mi ilusión de almacén, si tan sólo pudieras rendirte a una relación de largo aliento te recogería y te diera de comer y beber de lo mejor, te cebaría cual faisán… y así devorarte <i>a mí capricho</i> como una loba hambrienta”, la señorita T. halagaba mi oídos, ¿cómo no?, y también con la entonación que le dio a lo de “a mí capricho” me hizo sospechar que ella fue instrumento del obligado cambio de tercio que padecí. ¿Por qué no, la señorita T., conchabada con la mágica? ¿Por qué la mágica se enteró al segundo del acto inocente de mi cuerpo débil?... He ahí las jodidas cuestiones que se quedaron flotando en la sala donde retumbó <i>El revolconche</i>.<br />
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La nota cómica de la despedida fue el conato de puñetes que hubo entre dos ilustres tecnócratas, luego de pasar por el gaznate sendos tragos a mi salud acabaron discutiendo fuerte por la decisión irrevocable del homenajeado. “¡Con que tenemos un metafísico de exposición!... ¿Qué va a ser de nuestro escondido pensador en el abominable mundillo de las letras?”, aulló el ingeniero ergonómico cuatro que no aprobaba mi decisión. Y el abogado de coactivas cinco replicando: “No sea cavernario, señor ingeniero de perfiles ergonómicos cuatro y medio, entienda que el hombre hará realidad por todos nosotros el sueño de ser libres”. “El troglodita será usted, señor abogado de coactivas perdidas cinco y tres cuartos…”.   <br />
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Exento de resentimientos, rodeado de la camaradería de mis excompañeros, di el paso trascendental hacia nuevos aires. Me organicé estupendo después de la heroica retirada del almacén. No me atacó la angustia del desocupado queriendo ocuparse a fuerza de nervios. Es curioso sentirse afortunado apenas por tener entre manos una suma de dinero que nunca antes había imaginado poder acumular con un sólo movimiento de la mano izquierda estampando la firma ilegible del nunca más volveré a pisar el hangar de mi inspiración. Caminé horas por las calles de fuego, donde reina la tentación de los paraísos en serie, los que en cada vitrina muestran al ser humano radiante, automático, bello y casi inmortal, émulo del androide. Qué perfecto es el mundo Disney de los carteles, sublimando la angustia del viandante y el chofer, transformándola en felicidad inmediata si compra esto y lo otro; allá está Tarzán hipermodernizado haciendo las delicias de las damas; y qué decir de la Morticia gigante de labios lúbricos, esa boca ardiente dándose a uno en medio de la calzada. Mi largo entrenamiento para resistir y vencer a los sueños de plástico dio resultado, no entré en pánico pensando que el billete de la renuncia se me iba a hacer flecos adquiriendo cuatro cosas en la zona Disney. <br />
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Andando entre muros rutilantes comprobé que tenía bien templado el porvenir. Sabía que el miedo de comerse los ahorros mata cualquier intento de emprender para vivir y se acaba siendo engranaje del yugo, <i>haz un poquito más</i>. Tuve la suerte de que meses antes de la intempestiva compra de renuncias, por mero pasatiempo, seguí en la red el curso “haga diseño gráfico sin mosquearse” y, como ejercicio final para obtener el diploma de “diseñador amateur”, presenté a mi profesor virtual el arte completo de lo que entonces era un libro de juguete. Ese adelanto subconsciente de la tarea que nos toca hacer pasado mañana, después alentó al escritor novel a meterse en la corrección última de los relatos que conformaron mi primer paquete de ficciones, libro intitulado por el cuento homónimo: <i>Asmodeo de picnic con sus novias del ciberespacio</i>.  <br />
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 <category>Animal de feria</category>
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 <pubDate>Wed, 14 Sep 2011 18:12:04 -0500</pubDate>
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