January 04, 2012 | Author: Juan Arias B Leído 8666 veces | Tell a Friend


ODA A LOS ALTARES

Al abrigo de la venerable luz de los gigantes andinos,
me lancé a contemplar en el valle artesiforme de Collanes,
aleteé hasta dar con la caldera de la Montaña Sublime.
El circo abrupto de roca oscura venía bañado de neveros colgantes,
de nubes plomizas entre el celeste de una jornada bonancible,
rara por el inusual rapto primaveral que se dio en lo hosco,
inhospitalario con los oriundos de las planicies de la seducción fatua.

Capac Urcu - Montaña Sublime - El Altar - Ecuador
Estando el frío viento de asueto había que tumbarse,
sestear frente a las catedrales formando media luna enriscada,
y galopar en pos del llameante elixir del sátiro,
la desnudes de las montañas acariciando el firmamento.
Fragante lecho musgoso era la base del árbol que caóticamente tendía su ramaje artrítico,
fulgurantes fuegos y pardos chamuscados en capas de finísimo papel.
Hacia arriba formando paraguas cargado de vegetación epífita,
a flor de piso retorciéndose cual anaconda monstruosa de múltiples cabezas.
TARDECITA - CANÓNIGO (izquierda) OBISPO (derecha)
La salud de la cordillera bajaba en cascadas de lo alto,
para serpentear cristalina entre verdes almohadillas de páramo,
era la música de fondo que prepara los oídos para el maná alado:
escuchar el canto de aves invisibles, el lamento sinfónico del rapaz.
Sin esfuerzo ocular me saciaba de quindes de pecho verde y cola púrpura,
de gorriones atigrados, de ruiseñores ágatas, de tordos azulinos disputando una semilla...

El Obispo comandaba la procesión de cuadros cimeros,
¡oh belleza gélida de puñales naciendo del sereno espejo de una laguna de cremoso ámbar!
Obispo terrible, ataviado de traje negro con vetas de merengue y de rojo ferruginoso,
tu luciferina majestad embruja al paseante que apenas osa mirarte a la tardecita,
animado por los rayos dorados que echa el carruaje halado de venados crepusculares.
“No se te ocurra tocarme, conténtate con refocilarte en mi estampa olímpica”,
advierte su Reverendísima posando entero para el gran angular humano,
ex profeso para que lo grabe en la memoria del vividor de renacimientos.
Obispo lúgubre, exhibiendo en pleno la cara del espanto nos pasmas,
esa gloriosa ascensión a tu testa la reivindicamos con los ojos del espíritu,
y desde ahí caemos mil metros verticales al regazo dulce de las parcas.
Obispo ascensionista, brotaste del ombligo de Gaia cual vertiente Rupal,
siendo el más audaz de los fenómenos de roca y hielo del Altar.
ECUADOR-EL ALTAR - VALLE DE COLLANES - VISTA A OCCIDENTE
A paisajes encajonados por empinadas lomas,
revestidas de musgos aterciopelados presidiendo a las cuchillas,
me prendí liviano e intemporal.
¿Quién construyó estas profundidades floridas, estos valles recónditos?
Desde el mirador de los milenios presentí el derrumbe del antiguo volcán,
portentosas erupciones dieron lugar a regios colmillos geológicos.
El empuje del hielo fósil formó una lengua polar entre murallas lisas,
siglos de estable calor diluyeron el glaciar dejando un hondo lago,
y de ahí legarnos la ancha explanada de escoria volcánica,
humedal que se confunde con herbosas elevaciones
que guardan declive impensado,
sólo hay que raspar para ver sus primitivas paredes.
ZAPATITOS DE LA VIRGEN
El geólogo se maravilló con esta genialidad de la evolución pétrea,
¡aquí fue poeta por encima de sus elucubraciones científicas!;
¡aquí aun los rebaños de vacas se mimetizan con su pasado salvaje,
son búfalos apacentando alegres en la altitud ecuatorial,
y algunos individuos se atreven a trepar por fieras aristas,
aparentemente prohibidas a su rango de rumiantes de la dicha horizontal!
LAGUNA AMARILLA - TABERNÁCULO
Iba cambiando de dioramas conforme cerraba los párpados,
los volvía a abrir para dejar que los vapores viajeros formen otras quimeras,
y se sucedan óleos enmarcado a cada pico, diferenciándolos,
ya otorgándoles personalidad dentro del conjunto impresionista.
Ahí estaba la irredenta Monja Mayor,
¡oh bella palidez, tenebroso mármol esculpido por la genialidad del Tiempo!,
con la frente más ancha porque el marfil de tu velo de encaje se ha ido perdiendo,
eres la ineluctable imagen del hielo fósil retirándose de los montes tropicales.
Ora asomaba, en el centro del circo, el Tabernáculo,
su cresta adornada con un aura triangular lo asemejaba al ojo del vigilante del universo.

Cerrando el desfile de deidades de esta joya terrenal,
en el opuesto rabillo del semicírculo dentado,
dialogando con el Obispo,
se mostraba el bien servido Canónigo,
sobrio príncipe de Los Altares,
flanqueado por tres adustos frailes de túnica plateada,
asistido por morenos monaguillos hincados,
disponiéndose a despedirse del amparo solar,
y recibir a la noche de invierno ahíta de reverberos distantes.
CANÓNIGO 5.355 msnm.


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Category: El Altar
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