March 28, 2009 | Author: Juan Arias B Leído 6098 veces | Tell a Friend


Esta sentencia nietzscheana se hizo realidad lapidaría en la era del hedonismo europeo y el sueño americano. El señor que predijo el consumismo exacerbado del mono pensante, también lo hizo con los holocaustos que desató el racionalismo a ultranza; los mayores criminales del siglo XX fueron razonables por antonomasia: querían un mundo feliz. Nietzsche, antes del colapso en Turín, se topó con un sujeto que azotaba a un caballo, este noble animal soportaba la paliza entre el sudor de su cuerpo y el terror de sus ojos desorbitados, entonces procedió a quitarle el látigo al verdugo y abrazando al equino, sollozante, le pidió perdón por la especie bípeda que inteligentemente se traga a todas las demás especies del orbe.

Circulan fotografías espantosas de niños africanos agonizando junto a buitres que aguardan su muerte para devorar su cáscara; tanto repiten en las pantallas imágenes monstruosas de inanición que han vuelto al hombre común necrófago. “Danos señor el cadáver de cada día”, es la oración del ansioso de novedades carroñeras. De esto que surgen voces que de repente se escandalizan por la capacidad que tiene el hominino para ejercer una crueldad atroz contra sus congéneres, y se tornan humanistas a morir -eso sí sin dejar de rogarle al ángel del dinero que no los desampare en su afán consumista-, y vociferan: ¡No es ético que mientras un infante toma estiércol de vaca en el Sahel, a falta de agua potable, hayan hombres que se preocupen por la extinción de tortugas, elefantes, lobos, rinocerontes…¡

Tamaña candidez aún pervive en sujetos que se han culturizado en las magníficas instalaciones de las escuelas desarrollistas. Enigma: ¿quién es el que ha montado reales infiernos en un planeta que lo tiene todo para que sus ocupantes sean moderadamente dichosos? En los primeros sesenta años del siglo XX se exterminó al 99% de los individuos de la ballena azul, algo así como 360.000 ballenas, que a un promedio de 200 toneladas de peso dan más o menos 72.000.000 de toneladas de carne viva, y si esto dividimos para el peso promedio de un hombre, digamos 70 kg., tendríamos el peso de algo más de mil millones de humanos. ¿Exageramos? Hagan sus propias cuentas, sin sentimentalismos, pertenecen a una especie inteligente.

La cuestión es, acaso el exterminio de la ballena azul sirvió para paliar el hambre de los seres humanos desposeídos: ¡No! En Japón -y en otros países desarrollados materialmente, subdesarrollados en espíritu-, se embodegaron y se siguen acumulando montañas de carne de atún y otras especies marinas, solamente para que los pudientes del mundo degusten sushi, “fuchi”, y demás delicias acuáticas durante los próximos veinte o treinta años. ¿El oso, el tiburón, la morsa, el coyote, etcétera, tienen la culpa de que una mujer se alimente de tortillas de barro en Haití porque la tierra se volvió estéril debido a la deforestación provocada por el hombre?: ¡No!



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Category: Mini-ensayo
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