Uno se acuerda de tal o cual evento por la manía de comparar, o sea, tanto vendí en la una feria y tanto en la otra, allá me adoctriné más o menos que acá, así usted hace un balance de dónde pisó fuerte, y dónde resbaló. De repente surge el psicoanálisis, la rendición de cuentas existencial, de mis presentaciones con el célebre Asmodeo... que me llevó a ser autónomo. Las vivencias no se dan en proporción al tamaño de las urbes ecuatoriales, no por ser pequeña la ciudad en la que exponía era menos interesante que hacerlo en la capital o en el puerto principal de la nación.
La ministra del bautizo literario de entonces pasó a ser ministra de otro portafolio más rentable, de esos que exacerban los anhelos progresistas de la patria. No obstante, no se alejó del hábitat de las ferias, quedó como embajadora de honor de nuestra cultura equinoccial, a la par fundó una empresa de servicios libreros que hacía legalmente jugosos negocios con el Estado, y de media poeta nacional se elevó a poetisa intercontinental.
No quise saber de intermediarios para el reto que tenía que enfrentarlo al margen de ediciones decadentes; la época se presta para que usted sea además de creador, editor e impresor autosuficiente, dentro de casa. Puse bastante terreno de por medio con mi pasado, renací a cientos de kilómetros de la metrópoli donde crecí abrumado por la consigna de ser alguien en el escalafón de las termitas. Se presentó la oportunidad de alquilar de por vida el hogar rústico de mis sueños, una mansión de adobe. Adquirí una mañana perpetua en la cañada subtropical de San Epifanio del Monte, me alcé con el solar a la sombra de bosquecillo de especies arbóreas endémicas que llegan al río Cabra, aún primordial y sinfónico.
September 14, 2011 | Author:
Juan Arias B Leído 5750 veces |
Todo es alquilado en esta vida. Me pagaban bien por ocupar un puesto burocrático en un almacén iluminado, aireado, enorme como un hangar pero ratonil, correspondiendo a lo oficinesco así venga con una decoración psicodélica. Sin embargo, era mi dulce agujero de papeles, borradores, esferográficos, minas y múltiples derivados de petróleo, porque me sobraba tiempo para leer y alucinar con un futuro de escritor al margen de los círculos literarios, alguien que de entrada camine por el otro lado de los hombres de letras. Soñaba con ser un animal de feria solitario, un francotirador de exposiciones de libros, quien dispare sus ficciones al rostro del que se vaya apareciendo por la tienda errante.
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