January 18, 2012 | Author: Juan Arias B Leído 8570 veces |
Beltrán, abrió la puerta de un puntapié tras desactivar el dispositivo de seguridad que le permite entrar a paso de hombre-bestia a su hogar. Parado en el lujoso y amplio vestíbulo de la mansión ecológica, botando lejos el acolchado maletín ejecutivo fabricado para resistir maltrato inmisericorde, dio otra patada de espaldas para el portazo que inaugure el futuro que tiene frente a sí en la arena de Eros. “¡Doña Fátima, mi amorrr...!”, aulló arrojando saco y corbata por los aires. “¡Mi tumbadora, mi amorrr...!”, insistió arrastrando las eres del montañés con deleite, echando fuera de sí pantalón, zapatos e interiores, aireándose para las buenas tardes que prodiga a su mujer.
Categoría:
La muerte de mi amor
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