13/5/17

Las ruinas de Galadriel

Ente Racional

Así lo viene denominando porque fue como se presentó desde el primer contacto, “soy un ente racional sin nombres ni apellidos cristianos, puedes llamarme como te venga en gana, mas una vez que lo hagas sólo lo harás así…”. Y no se le ocurrió mejor cosa que nombrarlo de esa manera para no confundirlo con un ciudadano cualesquiera que se llame Alberto, Pedro o José. No sabe nada de sus señas particulares desde que entraron en un intercambio cognoscitivo anormal, extraordinario, y por su modo de hablar desenfadado, caribeño, no puede adivinar su fisonomía, o no hace ningún esfuerzo por saber qué tipo de forma Homo sapiens le corresponde (si es que le corresponde), así que le sienta estupendo su nombre abstracto, como para no perder el tiempo imaginándolo en sus tareas cotidianas con la biociencia. Ente Racional exigió exclusividad en la aventura que promociona íntegramente en Kantoborgy, proporcionándole una pensión monetaria regular, liberándolo de toda preocupación en lo concerniente a realizar trabajos insulsos en este mundo. Merced al Ente Racional es un becado de la aventura, eximiéndose de exhibirse con ningún tipo de bandera y/o logotipo de casas comerciales, nada de chompas forradas de letreros para la risa fotogénica de cocodrilo en escenarios montados para la ilusión óptica, pues en realidad son instalaciones espantosas hechas para el lucimiento de la decadencia perioverborrea. Este compromiso que tiene con lo extraño hizo que no piense en comerciar los relatos de sus viajes en pos de lo inútil, olvidándose de las pantallas y los micrófonos de los muertos de hambre de curiosidades, remitiéndoles a los imagólogos que buscan su “opinión” a que sintonicen radio-libre Marañón, que no es un medio de comunicación sino un destino de la comunicación.
En apariencia, Ente Racional, lo único que pide al gótico es que utilice prolijamente los productos de la biociencia que le viene proveyendo para su cometido anormal. Nada de lo que remite Ente Racional se encuentra en el mercado común de múltiples productos para sufrir el montañismo extremo. “Tranquilízate, no te hagas nudos sobre su constitución y alcance, usa el equipo que te mando a reventar y bríndale tu esfuerzo a lo que podrías llamar milagros de la biociencia…”, le había dicho su patrocinador en tono jocoso.

5/5/17

La soledad del murciélago

(Fragmento)

“Ayer, en el palacio de Guápulo, a hora incierta del posmeridiano y con premeditado hermetismo, se hizo efectivo el fin de Salvador Pineda Pinzano, marqués de Olivares y Yaguarzongo. Sus restos mortales fueron reducidos a cenizas y echados al viento crepuscular bajo el riguroso secreto exequial que imprimió Pastor Camacho”, no le hubiese disgustado esta inédita variante de nota luctuosa para que se  exhiba en los medios.  No obstante había que ser práctico y mediante conversación telefónica, él mismo, a través de la voz de ultratumba que le dio al Licenciado en Letras, Pastor Camacho, participó el particular al solo hombre digno de recibir esta novedad. Quedó al buen criterio de Olegario Castro la forma de hacer público el deceso del marqués, a través de las ondas largas de radio-libre Marañón.    
Frisando la cincuentena falleció el marqués. Estuvo a punto de arribar al día que había dicho quería festejar con multitudes volcadas al festín dentro de las murallas del palacio de Guápulo. Más allá de la costumbre de pasar desapercibido en su cumpleaños, había amenazado que iba a celebrar el quincuagésimo onomástico del filántropo con fasto y derroche, incluyendo una representación del aclamado teatro musical de La vaca loca, y teniendo como invitado de honor del banquete al barrio entero de Guápulo. Así lo asentó en los cuartos del domo del Panecillo: “Si llego a la cincuentena, amigo Olegario Castro, la edad que tú enalteces llamándola la flor del conquistador de lo inútil, ahí sí voy a botar el palacio de Olivares por la ventana del pueblo soberano...”. En todo caso, la desaparición de Salvador Pineda Pinzano, no debe truncar la idea de homenajear a la edad de la flor del conquistador de lo inútil. Olegario Castro, siendo perspicaz como es, sabrá hacer realidad el deseo del difunto de festejar por lo alto su cincuentena, recursos para ello no le faltarán siendo el heredero de su fortuna material.