24/4/17

Homo aerius

(Fragmento)

Avanzas a un ritmo uniforme de quelonio por la Calzada del Inca, y no obstante es como si estuvieses marchando desbocado, si comparas la moción lenta que te poseyó en la travesía del Túnel Brujo, donde tu pensamiento galopaba desenfrenado. Apuesto que ya superaste largo la distancia que cubriste para ser ampliamente recompensado en la mesa de Frutería Porfirio, este sendero azulado viene libre de hojarasca y por ello luce amplio y empuja hacia delante con la luminosidad que permite las erectas coníferas apostadas en los flancos cual gigantescos guardianes luciendo sus vestidos de gala plomizos, de una lisura que solo se rompe, a unos treinta metros arriba de tu cabeza, con el ramaje de la copa que hace dibujos al carbón en la calzada. Sí, esto se parece más a la primera vez, ¿te acuerdas?, todo este incesante asenderear empezó cuando abriste los ojos a un esplendoroso amanecer en Valle del Silencio, incorporándote sobre tus extremidades inferiores te echaste a andar como si nada en tu piso de torre Cachalote, cual si fuese un acto reflejo, común, automático. No dudaste cuando posaste los pies sobre la carpeta en que llanamente debías caminar como si fuera una calistenia cotidiana a la que acudes ni bien te despiertas, aunque estabas consciente de que eran tus primeros pasos en firme, como la unidad fractal Palamedes, tras reventar de la bolsa de aguas de la Nodriza. La máquina animal había superado en un santiamén los dos lustros de la “niñez acuática”, donde tu embrión pasó al estado fetal, y luego surgió el neonato que se desarrolló integralmente hasta tomar la forma reciclable del urbanícola eclosionado. Hypatia, a partir de que abandonaste Plaza Victoria, se hizo prácticamente imperceptible, fue una manera distinta de distancia la del Túnel Brujo, ahí ella cuidaba de tus pasos, su presencia fue un apoyo a la perplejidad que nos envolvía. Nomás agarraste la Calzada del Inca y su influencia magnética ha cedido, es como si hubieses tomado una órbita que te aleja de su poderosa atracción, aunque no dejes de rumiar el encuentro extraordinario que nunca antes has tenido con el prójimo. Brotaste una década más tarde que el resto de personas de nuestra generación, y por eso aterrizaste una década después que el pionero Pascal, pero te adelantaste en cuanto entraste en la pubertad, para el séptimo u octavo lustro de tu existencia habías recopilado la información que más tarde reventó en la Teoría del Gen del Explorador Salvaje.

17/4/17

Remoto

(Fragmento)

Amanece en Pelancocha. La diminuta aldea se despereza recostada sobre el claro de selva, desatendiéndose de la mortal batalla que los habitantes nocturnos dieron por finalizada entrando la puntual luz ecuatorial. El conjunto de bohíos va tomando los colores que encienden la paja gris de sus techos, viniendo austero a la luz lacustre, acomodándose en el armónico caos que lo circunda dentro del extenso paraguas vegetal que es la amazonía.

Silverio Coquinche habrá amanecido ambulando por los senderos del territorio de  la comunidad Puca, remarcando los límites de su influencia espiritual, y así cumplir con el rito que le exige su rango mítico: luchar la vida entera con los demonios que cíclicamente atacan a los de su estirpe, pues, aquellos vienen a ser en la leyenda (aunque con los matices que él les da con la proyección de su personalidad), los mismos entes malignos que enfrentaron sus antecesores derrotándoles pero sin vencerlos a perpetuidad, siendo que mientras respire un chamán deben pulular los diablos que le disputen su égida sobre la selva virgen, si no de dónde se alimenta su gloria y poder. Desde que obtuvo la ancestral sabiduría que lo llevó a ocupar el banco de jefe espiritual, es el hombre más influyente de la comuna Puca; y no va a delegar su poder mientras no llegue un aspirante a chamán a su altura que lo demande, alguien tan arrojado como lo fue él para ser el sucesor del finado Pacha, su abuelo, el que le inculcó el arte de su casta pasando por encima de su padre que vino impotente para ser uno de ellos, apartándose éste del sacrificio que implica el duro oficio de fabricar magia y mito. No es cosa de simple voluntad, se debe nacer con los genes de un chamán y luego investirse de tal desarrollando un cuerpo fuerte y una conciencia poderosa.

6/4/17

Prólogo


Juan Fernando Arias Bermeo. Loja, Ecuador, 15-11-59. Me gradué de bachiller en la aldea de Marysville, Ohio-USA, mediante un programa de intercambio estudiantil. Egresando de mis estudios universitarios en ciudad de Quito, inicié el periplo viajero que me llevó nuevamente a los Estados Unidos y de ahí me adentré en ese sueño juvenil de hacer Europa, donde el pretexto de obtener diplomas de postgraduado me entretuvo principalmente en Madrid, Londres, Kibutz Gazit (Baja Galilea), Roma, Marbella, Estocolmo. De regreso en Ecuador di empiezo al definitivo viaje tras los valores de la naturaleza salvaje y divina que conforma la integral de un hombre, ese andar y ver que me tiene indagando en los últimos rincones de la conciencia.