16/2/17

Asmodeo en brisa con sus novias FB (3)

La ministra de Cultura del bautizo literario de entonces pasó a ser ministra de otro portafolio más rentable, de esos que exacerban los anhelos progresistas de patriotas de bolsillos insaciables. No obstante, no se alejó del hábitat de las FIL, bien señaló a medios perioverborreos que desde donde esté fungirá de embajadora de honor de nuestra bullente cultura, a la par que fundó la empresa de servicios libreros que hace legalmente jugosos negocios con el Estado, y de media poeta nacional se elevó por intermedio de la meritocracia a poetisa intercontinental. Mas, lástima, de sopetón, la Colorada, había dejado de ser encantadora, eso me participó apenado el cristiano librero, que no la veré más en su apogeo de matrona romana diciendo “vaya, vaya, conque tenemos a Asmodeo en brisa con sus novias FB”, y envolviéndome en hálito de aromas de dátiles de la media luna. “¡Y a mí qué me importa!”, aullé un rato de esos  provocando la carcajada del buen cristiano librero. No le conté, para no perturbarlo, que la imagen que quedó indeleble de la Colorada fue la que inventé para que se incorpore a las novias FB de Asmodeo, ahí es inmarcesible como la Mágica que me abandonó, ahí no prescribe su figura de breva a punto de caer carnosa y madura en sus brazos. La historia de la ministra versátil del mundillo politiquero ecuatoriano es inapetente, hasta dejaron de apodarla la Colorada porque se le perdieron, ¡tan pronto!, los rubores que presentó en la FIL de Itchimbía. La robusta ex colorada se volvió  cianótica y más que escuálida fofa, pero continúa fiel al arte por el arte, y sobre todo al arte por encargo. “La Colorada ya no existe, ahora los de la oposición la motejaron de ministra-librito, y por aquí también. ¡Qué pena! ¿Sabe porqué degeneró esa gracia que tenía su cuerpo? ¿Se acuerda cuando le obsequió la primera copia de Asmodeo...?”.

8/2/17

Asmodeo en brisa con sus novias FB (2)

Sobrevino el instante irrechazable de salir por la puerta grande del monstruo petrificante y ponzoñoso de la burocracia y, paradójicamente, con el auspicio de mis jefecitos depredadores. Por algún motivo que da lo mismo saber o no cuál es, me tendieron el trampolín no para tirarme de cabeza al vacío sino para impulsarme a lo desconocido repleto de aventuras. El mensaje de los jefecitos detonó fuerte dentro de mí, “ya pues, déjese de poses revolucionarias, no nos convence con su discurso anarquista-utopista si este minuto no es capaz de resolver su futuro lejos del amparo de nuestro limbo… ya pues, cometa la locura de sufrir la incertidumbre por nosotros los desahuciados para cualquier otro negocito que no sea ordeñar a la Bodeguita del Medio”. En todo caso vinieron con el atuendo de profetas cuando más los necesitaba, cumpliéndose lo que me dijeron cuando hicimos el trueque de paz de ellos para mí y silencio de mí para ellos, “ya verá que cualquier rato de estos le hacemos un gran servicio”. Llegaron ajenos a la novedad de que había sido despedido gloriosamente (jamás me oiré decir lo contrario) del edén de Afrodita, yo estaba con mi velero sin amarras flotando en la bahía de la fortuna, presto a que el viento de pasado mañana de empiezo a mi  odisea librera. Fui corriendo a que me despachen con la liquidación que se me antojó jugosa tratándose de una renuncia voluntaria.

2/2/17

Asmodeo en brisa con sus novias FB (1)

Todo es alquilado en esta vida. Me pagaban lo justo por ocupar casillero  burocrático de almacén iluminado, aireado, enorme cual hangar pero ratonil, correspondiendo a lo oficinesco así venga con decoración psicodélica. Sin embargo, era mi dulce agujero de papeles, borradores, esferográficos, minas y múltiples derivados de petróleo porque me sobraba tiempo para contemplar, leer y escribir, alucinaba con ser escritor al margen de los círculos literarios. Sí, alguien que de entrada camine por el otro lado de los hombres de letras dependientes de las migajas que reciben de las ponzoñas culturales, o la plaga de gestores de cultura pública y privada. Soñaba con ser animal solitario de feria internacional de libros, francotirador irreverente, autor utopista anarquista. Quería disparar ficciones filosóficas al rostro del paseante curioso que se vaya apareciendo por la tienda errante del creador-editor.