2/1/17

El sátiro y la princesa 2

“Aristóteles lo dijo, mis poros viven para el juntamiento con los poros de hembra placentera”, canta a voz en cuello el sátiro cuando sale victorioso de la jaula blanca, inspirándose en versos del Libro de buen amor, provenientes del Antropoceno, era primordial que cobijó a fenómenos como el Arcipreste de Hita, que ha venido a ser uno de sus poetas arcaicos favoritos. Aristóteles lo dijo, es el himno del CorniSancho vencedor, que no es tal cual rezan los versos originales del  Arcipreste de Hita, ahí lo que lo mueve primero al extinto Homo sapiens es la sustentación y lo segundo el “por haber juntamiento con hembra placentera”. Si el Arcipreste de Hita le preguntase a Fátima: ¿de qué vive don CorniSancho? Ella respondería que vive de estrujar y sobar a Fátima. Si le preguntase: ¿de qué come CorniSancho? Ella respondería que come el pan de cada día del emprendedor de Superhelados Vitamina. La princesa se ha convencido que su lucha es por hacer realidad concreta su ideal libertario, no se entrega gratuitamente ni en aras del goce sadomasoquista que convida la desaforada máquina animal de CorniSancho. Su lucha es dura por la naturaleza desenfrenada de la misma, porque así lo permite el “Contrato de la Pelea”; a ella no la mueve el placer atómico del sátiro, sino la necesidad imperiosa de que CorniSancho se desintegre. Una pelea a muerte, a la imagen de la era del antropófago, es lo que la anima a no rendirse, ya es una fijación por trascender, y poder llamarse llena de íntimo orgullo y amor por la guerrera, sobreviviente.
Las formas sociales de la secta Hippo, la condujeron a contraer matrimonio con un buen partido, según ella debía ser alguien que sea lo suficientemente ingenuo para que la crea libre de utopías, que sea uno que la crea incapaz de proyectarse en obra y pensamiento mortal. Los papeles que los consortes  decidieron representar tras el sagrado matrimonio que cometieron ocultándose sus íntimas obsesiones, fueron de lo más ventajoso al comienzo. En palabras de los dos hicieron lo justo para mostrarse cual pareja ejemplar ante sus iguales, encarnando lo romántico e ideal vía hologramas. Su unión no afectaba a las ambiciones propias que tenían por separado, en sus respectivas intimidades mantenían realidades que no se sujetan a las leyes del matrimonio de la secta Hippo. Ella guardó bien la obsesión por ser madre biológica a la manera del mamífero que dio nombre al Antropoceno, sumándose a ello cierta frigidez para el ritual de apareamiento que es bendecido por la secta Hippo. Desde que tuvo conciencia de sí tendió a la contemplación de su utopía, quería ser madre del vástago que no venga maduro como ella, quería alumbrar a semejanza del primordial Homo sapiens. Quería parir a la manera de las hembras de la ejemplar tribu Trigui,  los no contactados de la pluviselva que fueron creados, a imagen de las últimas tribus amazónicas del Antropoceno, por el Gran Comunicador Intersectas. Los Trigui se constituyeron en el mito y magia más fascinante de su cotidianidad. El devenir de la tribu Trigui se transmite en vivo al usuario hogareño, con moraleja incluida del Gran Comunicador Intersectas: “Qué mayor aliciente para ser lo que eres que la contundente realidad del cazador-recolector Homo sapiens en las profundidades de la pluviselva”. Fátima adora la realidad Trigui, se maravillaba con los hologramas del cazador-recolector de la amazonía. Alumbrar “a mi salvajito” como lo hacen las madres Trigui en el inconmensurable bosque tropical húmedo y lluvioso es un imposible para ella, pero nada le quita imaginar que sí es factible aquello. Esta ficción de crear y criar “a mi salvajito” hizo que la ayude en el propósito secreto de apartarse de los preceptos de su secta en tiempos que procrear no es objetivo existencial pero sí es motivo de culto para los Hippo, a diferencia de las otras sectas adoradoras de cualquier cosa menos de la natalidad primordial. Los Hippo rinden culto al alumbramiento antediluviano mediante el ritual que imita el acto copulativo de los Trigui.

El Gran Comunicador Intersectas, instauró para eterna memoria la paz y equilibrio mundial de su especie “para que seamos felices de nacimiento y busquemos instantes de infelicidad metafísica por la ancestral necesidad de contrastar, sino cómo sabemos que estamos completos, que no nos hace falta nada para ser moderadamente dichosos”. De lo que ella entiende todos sus congéneres intersectas vinieron a la luz de civilización desarmada, las únicas armas manuales las fabrican en exclusividad los Trigui a fin de sobrevivir cual cazadores-recolectores de la intangible pluviselva amazónica.

 Fátima no sueña con la inmortalidad material, ya que de lo que se trataría es de existir un eón en salud juvenil y eso sería parecido a estar postrada en el espacio-tiempo, le place tener conciencia de que su existencia tiene finitud sin perder la sensación de estar inmersa en larga vida, no cabe duda que los combates con CorniSancho la han despejado como nunca, pues, contempla en el instante con una frescura que renueva la actualidad. Antes le parecía espeluznante tan solo imaginar que pudiera haber nacido bajo la secta Retorno Eterno, hoy ya no incomoda esa suposición. Aquella creencia madre de los súbditos del Retorno Eterno, eso de estar haciendo una y otra vez la misma existencia pero sin repetirse en ella, ya no se le presenta como una paradoja atroz, sino que vendría a ser algo similar a que la apuesta con CorniSancho volvería a suscitarse como si nunca se hubiese dado. Esta suposición del eterno retorno en vez de aterrorizarla la anima a convencerse de que ella será la vencedora contra pronóstico, y que todas sus derrotas serán recompensadas con la sola victoria que busca, la gran victoria final sobre el Demonio Tántrico.
El fantoche, es diseñado para durar poco con la mínima inteligencia que le provee la especialización, es esclavo desechable que se mantiene aplicado a su particular oficio, siendo infatigable e insustituible en lo que le corresponde. Como todas las personas de su era, Fátima, se solaza con la figura del esclavo biodegradable a corto plazo, no importa que sea un útil que jamás usa, es una muleta existencial tener conciencia de que no se es fantoche, que es  persona de grandes expectativas a futuro inmediato. Un fantoche no se cuenta a sí mismo historias porque solo existe para el presente volandero, ella goza de su pasado inmediato que a manera de ficciones corregidas y aumentadas es proyectado al futuro inmediato, se ha convertido en la mayor apuesta de su vida la palabra mañana, que dejó de ser abstracción baladí, la posibilidad que encierra es divina y concreta a la vez, “hablamos de que la desaparición de mi amor será mañana, desenmascarando a CorniSancho superaré a la princesa Fátima para coronarme como la reina Fátima”.
La figura del fantoche la ayuda a entender mejor su tiempo, y lo mejor es que el no haberse topado con uno aúpa la imaginación de cómo vendrá el ejemplar fabricado para la sensualidad galante, más allá de que no le cabe duda de que será todo lo contrario a la bestia libidinosa de CorniSancho. Fue diseñada para ser ama de casa modelo de la secta Hippo, autosuficiente, no ha salido ni a la esquina tal cual se dice metafóricamente del exterior que carece de esquinas callejeras tipo Antropoceno. Se supone que no saldrá afuera cuando se proclame victoriosa porque no hay nada allá afuera que llame su atención, Superhelados Vitamina es el invento y juguete de CorniSancho, y así debería quedarse, como una fábrica ajena a ella, su existencia únicamente se nutre casa adentro. En todo caso, si le entra la gana de apropiarse del legado de CorniSancho, nadie se lo impedirá.
El Gran Comunicador Intersectas ha dicho no a la automatización, y el no a la perennidad  de sus amadas criaturas principales viene de ellas mismas. La princesa está muy de acuerdo, y conforme, con que vivir no se trata de alargar vanamente la existencia de las personas. El mentado instante supremo del ser no es un problema existencial de su tiempo; cada individuo, goza de albedrio para decidir sobre las circunstancias del fin. El desintegrador molecular está a la mano del existente, cualquier momento es oportuno para desaparecer. “Salir del mundo es el acto de conciencia más puro de la persona, no es entrar al mundo por cuenta ajena, está en tu voluntad hacerlo y no en la mía”, predica jocoso el Gran Comunicador Intersectas. No hay un tiempo programado de permanencia en el mundo que se imponga desde afuera, no obstante, la persona, puede acogerse al derecho innato a que su lapso material concluya el rato menos pensado, esto, en buen romance, significa entregar el particular al Gran Comunicador Intersectas, quien desintegrará sin previo aviso a la criatura que desea su fin por mano ajena o voluntad divina.
Fátima no duda que todo existente intersectas rebozará en salud como ella misma, como CorniSancho mismo, hasta que llegue el instante de la conclusión suprema. La pregunta es si en las demás sectas habrán excepciones, personas que practiquen cosas increíbles para su normalidad, presiente que sí, aunque no tenga ni idea de lo que esos otros seres extraordinarios harían por su afán libérrimo. Ella anhelaba alumbrar un ser inocente, salvaje, precisamente porque es una ficción hacerlo. Sólo en esa ficción era capaz de abrir una línea genealógica revolucionaria de cepa, siendo Fátima la matriz de la especie que conjugue sus aspiraciones primordiales con los sueños de la secta Creacionista, que el ritual procreador no quede en celebración estéril de la fecundidad arcaica y se materialice. Nada de procrear fantoches a la manera del Homo sapiens positivista, esos trabajadores que apenas vivieron; el fantoche del Antropoceno apenas existió en función de entregarse a su especialidad entre rejas, sin embargo de esa era vienen los hologramas de las tribus Trigui. Lo cautivante de los Trigui es que son creaciones inspiradas en los últimos bípedos depredadores humanos auténticos de la Amazonia Antropoceno. Acorde a la leyenda, los Trigui, permanecieron desconectados hasta el fin de las civilizaciones positivistas del exterminio Antropoceno. Ella quería un vástago de un procreador Trigui, que subvierta su orden y profilaxis establecidos. Esta idea fija de Fátima hubiese sido muy difícil de explicar al emprendedor de Superhelados Vitamina, y el sujeto que escogió para nunca formar una familia bíblica no se percataba de eso porque a su vez estaba ocupado en ocultar su propia fijación existencial. Por ello, gracias a las prerrogativas que heredó de sus mayores, y porque era parte de su plan fantástico alumbrar a un bípedo saludable, primordial, era fanática de los hologramas, Dejémoslos tal como están. La vida de los Trigui corre en tiempo real, se hace a borrador, su crecimiento mental individual y colectivo se da bajo la modalidad del ensayo y error, sin opción a correcciones futuras por parte del Gran Comunicador Intersectas.
CorniSancho desfogaba su exagerada sensualidad en la Lupercalia de turno, que al cabo sirvió para que el adquiera destreza en el arte de amarrar a su objeto del placer con cierta dosis de amor progresivo. El tiempo de jaula blanca con Fátima ha pasado a ser precioso por antonomasia, a ser la aurora del romántico mutante, a ser la revelación del salvaje-artista. Se hizo usuario de la Lupercalia apenas entrado en el matrimonio, lo que ha llamado su época religiosa, cuando fungía de ingenuo y toleraba manso la frigidez de Fátima. Ella lo arrullaba con su misteriosa castidad, en sus cuartos se respiraba aires monacales, y ambos apostaban a ser consortes bien avenidos. Fátima no exigía satisfacciones plenas a CorniSancho en el lecho nupcial, más bien lo inducía a lo contrario, a mantenerse lo más alejado posible de los deberes conyugales prosaicos. El no requería de la telepatía de su bella esposa para mantenerse lo más lejos de la tentación de mancillar ese icono de la paz hogareña, ella era ente que se conservaba saludable merced a las caminatas que hacía en los hologramas de los senderos de pluviselva Trigui.
CorniSancho se aferraba a los preceptos de su secta para no ver otra cosa que belleza metafísica en su consorte, y, con el pretexto de que era un ente roncador, se excusaba de perturbar el sueño celestial de la princesa, mandándose a mudar a los cuartos inferiores de la mansión. Ni siquiera subía a la torre de cristal en aras de cumplir con la básica sensualidad del sagrado matrimonio, revivir de vez en cuando la escena que simbolizaba la procreación del primer vástago del diseño Hippo. Así de bendito por el Gran Comunicador Intersectas era el nido que crió al sátiro insaciable y a la princesa valiente.
De repente, como suceden los cataclismos interiores, salió a relucir la verdad de ambos. A la paz de una unión que no llegó a tener las mínimas relaciones de alcoba que constituía el ritual de la fertilidad de la secta Hippo, sin que de por medio medre la lujuria del arcaico Homo sapiens, le sucedió una temporada erógena brutal y de supervivencia irremisible. Todo empezó con el instante de catarsis compulsiva inexplicable de Fátima confesando a CorniSancho que evitaba yacer con él embutida en una falsa santidad, pues, así se trate de ritual que simula el apareamiento Homo sapiens, ella aborrecía la sola idea de alumbrar a alguien tan repugnante y cándido como el emprendedor de Superhelados Vitamina. De esta manera, la princesa, descubrió para sí a la bestia Hippo que la arrastró por el vestíbulo al grito de “ahora,  mojigata, mi amorrr..., vas a saber lo que es andar en todas tus extremidades”. Lo lógico hubiese sido que la pareja opte por la separación total en sus módulos al fin casi no se veían las caras, su matrimonio era una fachada. Paradójicamente aquí surgió el momento de llevar a la práctica el consejo que se habían olvidado del Gran Comunicador Intersectas, el que les dio cuando ofició el ritual de la boda de la pareja que él creó para que sean moderadamente felices hasta que la desintegración los separe. Entonces no le hallaron sentido a las palabras que  pasaron a ser  aliciente para su contrato de lucha: “Algún rato van a tocar fondo en su relación, he ahí la oportunidad de hacer cosas increíbles”.
Fátima no levantó el sigilo de su mundo secreto porque pensaba que le podían suceder cosas extraordinarias confesando su falsa santidad, sino por lo que ella dijo a gritos mientras el sátiro penetraba brutalmente con su ejército de diminutas ventosas sensuales, por primera vez en pleno, los poros abiertos de la princesa: “¡no soportaba más esta existencia muelle al lado de un idiota!”. Fue una sorpresa mayúscula para ambos el que no se levante pared infranqueable de incomunicación entre ellos, y que por el contrario se unan por el derecho inalienable a realizarse en este mundo a costa del otro. Ambos se iluminaron por separado respecto al futuro de sí mismos frente al amado enemigo, ese que provee las ganas de vivir sin restricciones. Los ojos del sátiro se abrieron como nunca al descubrir al ser ahíto de encantos por deglutir que en sí es la princesa, se dijo como si hubiese hallado la fuente del placer y la juventud tras un eón de engañarse con la Lupercalia. “¡Sujeto-bestia!, en tu propia casa tenías el maná de lo femenino, los poros generosos de la diosa que nunca ibas a probar en los antros del disoluto... Sujeto-bestia, por fin diste con la clave para abrir el sésamo que te brindará los manjares que no se venden en las tiendas de las sectas de Sodoma y Gomorra”.
Fátima resolvió entregarse entera a su propia ambición desde el instante en que fue sometida a los rigores del CorniSancho desconocido, espantoso, pero en sí tan vital y sincero como lo fuera el macho cabrío del Antropoceno mostrándose ante su aquelarre. Ese monstruo mugidor, de tentáculos y ventosas babeantes, era el otro CorniSancho, el que hizo trizas su burbuja hogareña, el que surgió de las profundidades del ser ya sin los cosméticos que únicamente mostraban al cándido emprendedor de Superhelados Vitamina. Sin embargo, el sujeto anterior al demonio del cuadrilátero hogareño, el que se había resignado a no disfrutar de su consorte por haberla elevado a los altares de la secta Hippo, que poco encantador y apetecible resultaba, era manso hasta la estupidez.
Quitarse de encima a CorniSancho ha venido a ser el más grande reto de su existencia y, más allá aún, es una tarea esencial por ser libertaria. Si no fuese ella la que lucha a muerte contra el  gigante peludo que ha convertido cada célula en tentáculo sensual, si fuese testigo de que otra cualquiera es objeto de tamaña violación a sus intimidades, se pasmaría del asco. Pero es ella la que de víctima pasó a ser rival del verdugo. Se dio cuenta que antes de ser abusada era emocionalmente frígida más que insensible ante el acto asqueroso de CorniSancho, con él sujetándola aprendió a cultivar emociones como la persona que recién después de un accidente atroz comienza a tener experiencias vivificantes y asume su condición de renacida para poder hacer, aquí y ahora, realidades que antes no se materializaban por invisibles. Se había encerrado en su torre de cristal para evitar sufrir el repugnante ritual de apareamiento simbólico del génesis Hippo. Quizás antes no hizo mención de raspar la epidermis de CorniSancho, el manso, porque presentía muy adentro de sí, en sueños tal vez, que era despertar de los abismos a sus furias  sicalípticas. Para qué iba ella a arriesgar la estabilidad de dos entes que basaban el equilibrio conyugal en el sano desconocimiento de sus intimidades, en  la profilaxis hogareña no había cabida para dudar de la mansedumbre del otro. Su casa era el templo de la ecuanimidad que compartía con una persona que parecía ser tan afín a la parte sumisa de ella como si fuesen hermanos siameses. Ahora lo sabe: era una unión desabrida en medio de los manjares que se puede escoger en la cotidianidad del hogar diseñado para la anarquía de las personas que lo habitan.
“¡Somos una pareja feliz!, empezamos a hacer cosas increíbles cuando todo parecía desahuciado entre los dos, tal como nos avisó el Gran Comunicador Intersectas cuando nos impuso el matrimonio, y nos dio este lenguaje arcaico del Antropoceno para jugar a comprendernos con sonidos y gestos fuera de insípidas telepatías... ¿Qué me dices del nombre que nos puso, el que nos representa como personas? No podría llamarme mejor, a mucha honra y orgullo soy CorniSancho. Y a ti, Fátima, te nombraron así para que concretes al máximo objeto de mi deseo. ¡Cuán ignorantes de sí mismos éramos entonces! Prestamos atención solamente a las palabras del ritual de casamiento que nos sonaban serias, lo de mudarnos a una aventura extraordinaria juntos fue un chiste que rápido lo tiramos al tacho de la nada. Nunca dimos pistas concretas de lo que sucedía en nuestro fuero interno y esa fidelidad de no ser comidilla del chisme mutuo se mantendrá hasta el epílogo de nuestra brega callada, mejor dicho de tu lucha callada. Nadie sabrá que Fátima no me recibía en su burbuja de a uno, que no cumplimos ni de broma con las fechas convenidas por los dos para el simulacro de amor original Hippo. Ponías pretextos sutiles para evitar yacer conmigo, y yo respondía con delicadeza a tus evasivas, no acudía a la cita en la que se rinde homenaje a la madre primigenia, mis pretextos eran igual de pueriles a los tuyos. Fíjate que coincido contigo en que también sueño con procrear, he soñado con esparcir exitosamente la semilla de CorniSancho en la matriz de una Fátima reproductora. Qué romántico nos viene la manera bestial como dolorosa de reproducirse de los Trigui, obviamente sabiendo que tú no ovulas ni yo remito millones de espermatozoides tal cual manda la naturaleza de la especie que te entretiene a reventar en los hologramas de pluviselva. Tú soñando con el salvajito que tendrías sin los dolores de parto, yo soñando con el CorniSancho júnior que heredaría el emprendimiento de Superhelados Vitamina y mi potencial en el cuadrilátero del amor. No conociste lo que es el placer marital ni por medio de los ralos y religiosos contactos prensiles con el otro que prescribe, desde el púlpito Hippo, nuestro creador. Yo no me percataba de la Afrodita que tenía en casa por respeto a la pureza de Fátima, estaba conforme con el pretexto que tenía para ser macho cabrío con la Lupercalia a mano, y así no delatar al grosero que una vez suelto es incontrolable, esa cara libidinosa la reservaba para los conspiradores del deseo que los dos somos este instante”.