19/1/17

Cuaderno de Floreana 1

Bajó pertinaz aguacero, frío y humedad, dejé mi hogar de Villa Juárez al alba,  con rumbo cierto al sol galapagueño. Todavía no salía de la influencia de Los Pichinchas y añoraba arribar a Floreana como si ya hubiese estado ahí antes larga temporada. Es lo que hizo que el amanecer plomizo que escondió las montañas con el manto del páramo luzca alegre, casi radiante.  Aguardé de buen talante que corra la cola en el aeropuerto de Tababela para que me extiendan el visado por dos meses a las Islas Encantadas. Me concedieron de una vez el tiempo límite permitido al año en calidad de turista transeúnte, la dama encargada del interrogatorio de rigor me entregó la tarjeta de control de tránsito con un risueño y perspicaz “cuidado desaparezca señor existente… ¡qué miedo, sesenta días en Floreana!”. Parece que a la buena señora le agradó mis respuestas a las preguntas claves de “¿qué es usted?” y “¿qué va hacer usted allá tanto tiempo?”. A la primera contesté “soy existente vividor”, y a la segunda respondí en coherencia con la primera respuesta: “existir viviendo”. Aquí sentí el espíritu del difunto Berdog tomándose mi instante, acordándome de su manera gloriosa de responder cuando era inquirido sobre su oficio y beneficio en el trocito de planeta que habitaba. 

14/1/17

La humana doña Fátima 2

Al día siguiente de la inicial e iniciática batalla perdida con el hombre-bestia, comenzó a leer a la Jelinek, se estrenó con La Pianista para no llegar de golpe a la novela que realmente quería hacer suya, Deseo. Fue un acto compulsivo tomar por los cuernos a la Jelinek, quizás incentivado por la prohibición que cayó sobre su obra por parte del barbado escarabajo de librería en extinción, un innombrable amigo de lecturas de CorniSancho, quien como si aconsejara a cándida colegiala le advirtió que nunca hojee siquiera los libros de la autora austriaca porque hasta él siendo templado en la lectura de las más febriles y descarnadas obras existencialistas de todos los tiempos, había sufrido pánico con estos. “Voy a ser cruel con usted, no es una lectura para espíritus sensibles, yo que me considero hueso duro de roer, me sonrojé y palidecí de íntimo pudor mil veces leyendo Deseo. Fui afectado por el sadomasoquismo ficcional de la Jelinek, y siendo como soy el curtido académico que me honro de encarnar, no se diga el impacto que sufrirá alguien refinado como usted. Se lo preciso con todo mi ser, no se meta con el Deseo, de la Jelinek, le podría hacer mucho daño, mejor aparte esa obra atroz donde luce bien sin tocarla, en la linda biblioteca hogareña”. Y a ella jamás se le hubiese ocurrido sacarlo de su sueño, en el estante de cedro libanes, al temible Deseo, de no ser porque su instinto de sobreviviente se lo mandó así, intuyó que por ahí tenía que partir la estrategia que la haga ganar la guerra al hombre-bestia, aunque sufra muchas derrotas consecutivas antes de la batalla decisiva. Se metió de cráneo en Deseo y, para el momento que aconteció la treintava lidia de CorniSancho, tenía lista su estrategia de envolvimiento y muerte súbita del invasor, “un día de estos te vas a atragantar con tu carne viva mi amor”. Las tácticas de combate se fueron desarrollando conforme aprendió a luchar dentro del cuadrilátero, fajándose cual cobra pequeña frente al gigante turón que terminaría sucumbiendo ante la ponzoña fulminante que una sola vez le inyectará la serpiente mientras él sólo quería jugar rudo, y nunca eliminarla a ella porque en esa diversión potente anclaban sus días, de eso vivía el poseso, no iba a matar al ser que potenciaba su carnalidad a límites insospechados.

12/1/17

La humana doña Fátima 1

Doña Fátima venía preparada para manejar este momento cimero de su existencia, había hecho sendos cursos de primeros auxilios y está fungiendo de  Voluntaria clase A en la brigada de emergencias del 911, que es el máximo grado de paramédico en el cuerpo de ayudantes que aportan con bienes y persona a su tarea altruista. Este fue el segundo secreto mejor guardado ante su consorte. Mucho antes de la arremetida furiosa de CorniSancho contra sus sagradas intimidades, fue tocada por la vocación de servir al prójimo sumido en el dolor,  intuía que así también se ayudaría a sí misma forzándose a enfrentar el miedo enfermizo a la muerte que la tenía guardada en su torre de cristal.

9/1/17

Cuaderno de Floreana 5

El punto culminante de la salida de hoy fue la poza escondida de aguas estancadas, rica en algas, fuente de microorganismos que hacían las delicias de la pareja de flamencos y el trío de patos ahí medrando. Este servidor no tenía la más remota idea de se iba a encontrar con esas esplendorosas aves  intempestivamente, deleitándose en la poza que se creó ante sus ojos -lo digo más por los flamencos salvajes que nunca antes he observado-. En  Crónicas de Islas Encantadas, CCC, avisa que, en las charcas salinas que están a la mano del turista hospedado en Puerto Villamil (isla Isabela), no faltan a cualquier hora hasta una veintena de flamencos reunidos donde el agua apenas les llega a los tobillos y, por añadidura, se observa fácil de la avifauna endémica de Galápagos. He visionado la fotografía de Lovochancho corroborando lo que narra con buena dosis de ficción filosófica Claudio Cordero Crispin. Debe ser romántico, poético, escuchar las trompetas de los flamencos en la noche conociendo que medran por las mismas cochas salinas que con la luz solar se nos entregaron en bellas formas unidas al reflejo de aguas turbias. Es cosa de andar cinco o diez minutos dentro o apenas en la periferia del pueblito de Puerto Villamil, y toparse con las aves que a mí se me aparecieron inesperadamente tras extenuante caminata que venía con rumbo a la nada pero lo mío fue excepcional, esa pequeña poza estuvo ahí para mi instante y el de nadie más, no era el escenario vendido como recurso turístico  sino  el surgimiento de tiempo-espacio idílico irrepetible.

6/1/17

El sátiro y la princesa 3

Lo inesperado vino a ser un don. CorniSancho la sorprendió contándole su sueño de procrear al ser hecho a su imagen y semejanza, esa ilusión ajena fue parte de los ingredientes que cocinaron a la depredadora, la que habitaba en lo más recóndito del monasterio de la marmota. Y CorniSancho también se avivó con el sueño de ella de alumbrar al salvajito puro corazón, para que sea el génesis de una especie de ángeles primordiales. Ella, que asumía su fragilidad como si fuese lastre inherente a la realidad Hippo, se erigió en el ente guerrero que había desconocido a conciencia tanto como al CorniSancho agresor. La mística se convirtió en lo que su inconsciente quería explotar a la luz del día, eso de ser madre de un salvaje arrancado a la pluviselva quedó atrás por imposible pero no sin antes parir a la luchadora a muerte.

4/1/17

Cuaderno de Floreana 4

Desde afuera, Fortaleza Negra, se presenta hermética, infranqueable, es una suerte de rectángulo tridimensional que no refleja luz, que no es espejo de nada en su negritud mate, está negada cualquier visión de sus interiores, al tacto es superficie lisa antiadherente que no admite huella dactilar alguna, no hay bicho capaz de posarse o reptar por ella, no hay huella de polvo, lluvia o cualquier indicativo del paso del tiempo a la intemperie de isla Floreana. No es exagerado decir que uno se topa con Fortaleza Negra porque no se deja divisar de lejos, se mimetiza con el bosque de palo santo de la Cerdita Comunista, estaría fregado si tuviese que tenerla como punto de referencia en el mapa mental de señas exteriores permanentes, menos mal que todos los senderitos que he seguido para salir y sobre todo para llegar a casa constituyen muleta psicológica infalible, ni bien me hundo en ellos y empiezo a divagar cual niño antes que lo arruine la escuela, todo a cuenta de tener la certeza de que no voy a extraviarme. Apenas me topo con la morada de Clara y es concebir la imagen de la estación de tránsito galáctica, de Clifford D. Simak, mezclada con el monolito azabache de Odisea espacial 2001. Cuando tengo la visión de una estación de tránsito astral al arribar a Fortaleza Negra, me alivia constatar que se trata de mi campo base floreanense del que entro y salgo a diario sin aguardar el arribo de extraterrestres de formas inconcebibles para nuestra matrix antropomorfa. Sí, dos veces al día, franqueo la puerta que sé que se abre ya sea cuando veo el interior fantástico del hogar o cuando me deslumbran los exteriores sin atenuantes de la isla con su carga solar y meteorológica que influirá en el comportamiento de mi cuerpo marchando sobre terreno irregular volcánico. 

2/1/17

El sátiro y la princesa 2

“Aristóteles lo dijo, mis poros viven para el juntamiento con los poros de hembra placentera”, canta a voz en cuello el sátiro cuando sale victorioso de la jaula blanca, inspirándose en versos del Libro de buen amor, provenientes del Antropoceno, era primordial que cobijó a fenómenos como el Arcipreste de Hita, que ha venido a ser uno de sus poetas arcaicos favoritos. Aristóteles lo dijo, es el himno del CorniSancho vencedor, que no es tal cual rezan los versos originales del  Arcipreste de Hita, ahí lo que lo mueve primero al extinto Homo sapiens es la sustentación y lo segundo el “por haber juntamiento con hembra placentera”. Si el Arcipreste de Hita le preguntase a Fátima: ¿de qué vive don CorniSancho? Ella respondería que vive de estrujar y sobar a Fátima. Si le preguntase: ¿de qué come CorniSancho? Ella respondería que come el pan de cada día del emprendedor de Superhelados Vitamina. La princesa se ha convencido que su lucha es por hacer realidad concreta su ideal libertario, no se entrega gratuitamente ni en aras del goce sadomasoquista que convida la desaforada máquina animal de CorniSancho. Su lucha es dura por la naturaleza desenfrenada de la misma, porque así lo permite el “Contrato de la Pelea”; a ella no la mueve el placer atómico del sátiro, sino la necesidad imperiosa de que CorniSancho se desintegre. Una pelea a muerte, a la imagen de la era del antropófago, es lo que la anima a no rendirse, ya es una fijación por trascender, y poder llamarse llena de íntimo orgullo y amor por la guerrera, sobreviviente.

1/1/17

Cuaderno de Floreana 3

 ¿Cuántas jornadas han pasado en mi campamento base floreanense?, prefiero decir que estoy transitando la décima luna a partir que de la caminata etiquetada como Introducción a la Cerdita Comunista. Si apenas ingresé a Fortaleza Negra hubo familiaridad flotando en su atmósfera maternal, al cabo de soles y lunas que ya suman una eternidad, me siento veterano residente de  la sala multiuso y la sala de baño, con el beneficio añadido de no acostumbrarme al monocromático vacío que me envuelve adentro frente al contraste con el bosque seco ahíto de maleza que espina ni bien poner los pies fuera del senderito mudable del diario. A la intemperie de montaña, bosque, lava fósil, océano, la animan los colores y formas que toman dependiendo de la luz equinoccial. Lo de adentro es alegre sombra bajo el paraguas artificial, es temperatura ambiente controlada, y como hace minutos fue música sinfónica a pedido a la discoteca invisible de Fortaleza Negra. Me había olvidado de escuchar música humana puesto que lo único que tenía a mano en el panel de mando era el menú “música del recuerdo”. Qué desquiciante fue la aparición del holograma de una bella pinchadiscos ofreciendo literalmente todo lo que he escuchado en mi existencia, así sean las piezas más ridículas y anti-melódicas que alguna vez fueron atracción de cantina para los oídos basurero del entonces apócrifo romántico infectado con el virus del sentimentalismo.