14/1/17

La humana doña Fátima 2

Al día siguiente de la inicial e iniciática batalla perdida con el hombre-bestia, comenzó a leer a la Jelinek, se estrenó con La Pianista para no llegar de golpe a la novela que realmente quería hacer suya, Deseo. Fue un acto compulsivo tomar por los cuernos a la Jelinek, quizás incentivado por la prohibición que cayó sobre su obra por parte del barbado escarabajo de librería en extinción, un innombrable amigo de lecturas de CorniSancho, quien como si aconsejara a cándida colegiala le advirtió que nunca hojee siquiera los libros de la autora austriaca porque hasta él siendo templado en la lectura de las más febriles y descarnadas obras existencialistas de todos los tiempos, había sufrido pánico con estos. “Voy a ser cruel con usted, no es una lectura para espíritus sensibles, yo que me considero hueso duro de roer, me sonrojé y palidecí de íntimo pudor mil veces leyendo Deseo. Fui afectado por el sadomasoquismo ficcional de la Jelinek, y siendo como soy el curtido académico que me honro de encarnar, no se diga el impacto que sufrirá alguien refinado como usted. Se lo preciso con todo mi ser, no se meta con el Deseo, de la Jelinek, le podría hacer mucho daño, mejor aparte esa obra atroz donde luce bien sin tocarla, en la linda biblioteca hogareña”. Y a ella jamás se le hubiese ocurrido sacarlo de su sueño, en el estante de cedro libanes, al temible Deseo, de no ser porque su instinto de sobreviviente se lo mandó así, intuyó que por ahí tenía que partir la estrategia que la haga ganar la guerra al hombre-bestia, aunque sufra muchas derrotas consecutivas antes de la batalla decisiva. Se metió de cráneo en Deseo y, para el momento que aconteció la treintava lidia de CorniSancho, tenía lista su estrategia de envolvimiento y muerte súbita del invasor, “un día de estos te vas a atragantar con tu carne viva mi amor”. Las tácticas de combate se fueron desarrollando conforme aprendió a luchar dentro del cuadrilátero, fajándose cual cobra pequeña frente al gigante turón que terminaría sucumbiendo ante la ponzoña fulminante que una sola vez le inyectará la serpiente mientras él sólo quería jugar rudo, y nunca eliminarla a ella porque en esa diversión potente anclaban sus días, de eso vivía el poseso, no iba a matar al ser que potenciaba su carnalidad a límites insospechados.

12/1/17

La humana doña Fátima 1

Doña Fátima venía preparada para manejar este momento cimero de su existencia, había hecho sendos cursos de primeros auxilios y está fungiendo de  Voluntaria clase A en la brigada de emergencias del 911, que es el máximo grado de paramédico en el cuerpo de ayudantes que aportan con bienes y persona a su tarea altruista. Este fue el segundo secreto mejor guardado ante su consorte. Mucho antes de la arremetida furiosa de CorniSancho contra sus sagradas intimidades, fue tocada por la vocación de servir al prójimo sumido en el dolor,  intuía que así también se ayudaría a sí misma forzándose a enfrentar el miedo enfermizo a la muerte que la tenía guardada en su torre de cristal.

6/1/17

El sátiro y la princesa 3

Lo inesperado vino a ser un don. CorniSancho la sorprendió contándole su sueño de procrear al ser hecho a su imagen y semejanza, esa ilusión ajena fue parte de los ingredientes que cocinaron a la depredadora, la que habitaba en lo más recóndito del monasterio de la marmota. Y CorniSancho también se avivó con el sueño de ella de alumbrar al salvajito puro corazón, para que sea el génesis de una especie de ángeles primordiales. Ella, que asumía su fragilidad como si fuese lastre inherente a la realidad Hippo, se erigió en el ente guerrero que había desconocido a conciencia tanto como al CorniSancho agresor. La mística se convirtió en lo que su inconsciente quería explotar a la luz del día, eso de ser madre de un salvaje arrancado a la pluviselva quedó atrás por imposible pero no sin antes parir a la luchadora a muerte.

2/1/17

El sátiro y la princesa 2

“Aristóteles lo dijo, mis poros viven para el juntamiento con los poros de hembra placentera”, canta a voz en cuello el sátiro cuando sale victorioso de la jaula blanca, inspirándose en versos del Libro de buen amor, provenientes del Antropoceno, era primordial que cobijó a fenómenos como el Arcipreste de Hita, que ha venido a ser uno de sus poetas arcaicos favoritos. Aristóteles lo dijo, es el himno del CorniSancho vencedor, que no es tal cual rezan los versos originales del  Arcipreste de Hita, ahí lo que lo mueve primero al extinto Homo sapiens es la sustentación y lo segundo el “por haber juntamiento con hembra placentera”. Si el Arcipreste de Hita le preguntase a Fátima: ¿de qué vive don CorniSancho? Ella respondería que vive de estrujar y sobar a Fátima. Si le preguntase: ¿de qué come CorniSancho? Ella respondería que come el pan de cada día del emprendedor de Superhelados Vitamina. La princesa se ha convencido que su lucha es por hacer realidad concreta su ideal libertario, no se entrega gratuitamente ni en aras del goce sadomasoquista que convida la desaforada máquina animal de CorniSancho. Su lucha es dura por la naturaleza desenfrenada de la misma, porque así lo permite el “Contrato de la Pelea”; a ella no la mueve el placer atómico del sátiro, sino la necesidad imperiosa de que CorniSancho se desintegre. Una pelea a muerte, a la imagen de la era del antropófago, es lo que la anima a no rendirse, ya es una fijación por trascender, y poder llamarse llena de íntimo orgullo y amor por la guerrera, sobreviviente.