El sátiro y la princesa 1

CorniSancho, canta a pleno pulmón en la banda transportadora: “Aristóteles lo dijo, son tus quarks y leptones el maná que me mueve a devorarte una y otra vez, una y otra vez…”. La banda transportadora personal lo lleva a la fábrica Superhelados Vitamina y, tras cumplir  la jornada ejecutiva a su albedrio, lo devuelve al domo hogareño en un santiamén o lo que dura la variante del cántico, “Aristóteles lo dijo...”. Apeándose de la banda transportadora se dirige al acceso posterior del domo cuántico y patea con deleite la puerta, así lo viene haciendo en los últimos tiempos, desde que no se acuerda de usar el acceso principal. La puerta trasera está diseñada para que dé el puntapié que dispara al sátiro. Regresar al hogar es placer divino por la lucha de poder a poder que se desata gracias al amor propio de los enfrentados. Apenas está dentro y todo vestigio de acceso al domo desaparece, suena la campanilla que reclama la presencia de la princesa en el cuadrilátero.  
Al sátiro lo motiva saber que la princesa no saltará a la arena en calidad de víctima sino que repelerá su agresividad erógena poniendo todo de sí. Ella tiene claro que debe neutralizar definitivamente al agresor en el mismísimo espacio que él creó para que el jardín de las delicias se haga realidad casa adentro. CorniSancho, aspira aromas de bosque de algarrobos, escucha la música de fondo compuesta por murmullos de manantial montañoso; corre brisa marina de isla tropical que a la vez limpia el ambiente y recicla el oxígeno de la acolchada jaula blanca de cachascán. Cada vez que cruza la puerta que lo separa del mundo exterior para vivir los prolegómenos de su mundo privado es como degustar los entrantes de banquete sensual. Este es su templo de la materialización del deseo que alimenta en la jornada ejecutiva, aquí se encierran los alaridos, los gemidos, y toda la gama onomatopéyica de las caídas al suelo y choques contra las paredes de la pareja trenzada en lucha que para CorniSancho es placer salvaje; para Fátima, es pelea a muerte.

“¡Mi princesa, mi amor!”, aulló rasgando su revestimiento orgánico que cubre la piel original cual epidermis desechable, es la forma exterior de intenso azul eléctrico que lo identifica como la persona que porta la insignia del dueño de Superhelados Vitamina. Compactó la piel artificial y la moldeó entre sus manos formando una pelota elástica que arrojó por los aires, mejor dicho fue certero tiro a la esquina donde el desintegrador molecular se la tragó de un bocado. “¡Mi amorrr!”, insistió arrastrando las eres del arcaico montañés con deleite, aireándose en el tibio recinto blanco que regala estable temperatura primaveral, iluminado con la luz artificial que regala la intensidad naranja del sol de los venados. Está satisfecho con las maravillas que provee al hogar la firma MC (Mansiones Cuánticas), especialmente con el cuadrilátero de cachascán que implementó ¿hace cuánto tiempo? Cómo medir este lapso de abundancia, este paréntesis exquisito que ha transcurrido desde que descubrió que Fátima no era lo que él pensaba que era y, a su vez, ella, también descubrió que CorniSancho tampoco era lo que pensaba. “No fuimos lo que figurábamos uno del otro, pero a fin de cuentas qué demonios somos tú y yo en el cuadrilátero de la existencia… Eso creo yo también: descubrimos que somos dos ángeles endemoniados que invierten bien la relatividad del tiempo en este espacio precioso: nuestro cuadrilátero de amor propio salvaje”, reflexionó en voz alta CorniSancho, consciente de que Fátima lo observa y escucha, cosa que él no hace con ella porque prefiere verla entrar hecha una tromba tropical, y no se cansa de este placer renovado puesto que no se hizo costumbre sino ritual.  
Los fantoches de la fábrica Superhelados Vitamina, acomodan su ropa sucia del diario en los carriles que conducen a las lavadoras populares, las que devuelven las mismas piezas de vestir limpias para que de inmediato se vuelvan a ensuciar, y el ciclo limpio-sucio planchado-arrugado se perennice de una generación a otra de fantoches. Hasta la desaparición del amo y señor CorniSancho, podrían darse varias generaciones de servidores de Superhelados Vitamina, él jamás las contará, no mide su edad con el tiempo intrascendente de los fantoches. Sus servidores no necesitan recubrimiento alguno pero es un regalo para la vista verlos uniformados con la vestimenta de los entes personalizados de Superhelados Vitamina. “Me encanta posar la mirada cualquier momento en la nave de producción y encontrarlos correctamente vestidos y laborando sin descanso, es la sal del entretenimiento emprendedor, ¿no te parece, princesa?... Vaya pregunta para alguien que no emprende fuera del hogar”.
Del ropero molecular requiere dos prendas desechables al primer uso: el proyector fálico del sátiro y la máscara de luchador de cachascán. No permite que aleatoriamente surja el juego propicio de trapos para el combate de marras, escogió del catálogo proyector fálico a rayas, de matices atigrados negro y fuego. De la variedad de máscaras que tiene en catálogo, le llenó el ojo los verdes pardos del modelo Demonio Tántrico. Todas las máscaras portan sugestivo bordado con el primer apelativo genérico de “Demonio”, y se diversifican por el segundo nombre calificativo: Querendón, Mañoso, Juguetón, Feérico, Asqueroso… etcétera. Ahora será el Demonio Tántrico. La confianza de que sus células del placer penetrador se activarán por doquier en los poros receptivos de la princesa, se sustenta en la superioridad física que carga como luchador peso pesado frente a la luchadora peso mediano. La apuesta que hicieron ellos dos es rotunda, si la princesa le quita la máscara al sátiro, se acabó el sátiro. Si el Demonio Tántrico es desenmascarado, CorniSancho tendría que autoeliminarse por haber perdido el honor, y sí que lo tiene. “¡A calentarse, Demonio Tántrico!, no sea que la princesa nos agarre fríos y nos arrebate la máscara, nuestra existencia también está en juego y esto hace que aumente la sensualidad en el ambiente. Estoy al tanto que cada combate que pasa la pone más avispada en la arena, quién sabe si tendrás tu instante de suerte, ¿me copias princesa? No, no me copias”.                
…“¡Voy a darte tu medicina, mi amor!”, es la arenga y grito guerrero que suelta apenas oye la campanilla que le avisa el ingreso de CorniSancho a la jaula blanca. Mientras hace la rutina de calentamiento sigue los movimientos de su rival que tiene la cortesía de anunciarle su llegada y le permite que lo visione en su ritual de preparación psicobiológica para el combate. El sátiro, no espía los movimientos de la princesa antes del encuentro, despediría adrenalina en vano, perdería resistencia y concentración. No así la princesa, que tiene la necesidad de observar el risible calentamiento del sátiro incluyendo reflexiones en alta voz; él no es la técnica andando, ni la sabiduría floreciendo, pero con ello tiene suficiente para derrotarla una y otra vez, tal cual lo canta a voz en pecho cuando sale airoso del cuadrilátero.
La figura y fuerza bruta de CorniSancho contrasta con la delicadeza integral de los fantoches de última generación sensual, Lince. “Las personas Aristippus los prefieren no-reciclables, amorosamente livianos, débiles y desechables al instante para abonar su árbol preferido del Edén”, reza el holograma del modelo andrógino Lince, que a ella no le llama la atención más que un muñeco inapetente, en todo caso, si se trata de jugar a la procreación a muerte, la personalidad de CorniSancho está fenomenal. El fantoche Lince fue creado con el fin de satisfacer a las personas de la secta hedonista Aristippus, tan opuestos al arcaico matrimonio de la secta Hippo o a cualquier otro sucedáneo de amarre con sentimentalismos a plazo indefinido, su objeto del deseo dura lo que tarda el usuario en hartarse del mismo. El usuario Aristippus tiene la opción de atomizar su juguete sensual cuando le dé la gana a cuenta de aguardar medio ansioso, o como le agrada decir “con mínimo amor”, a la siguiente generación de Lince biodegradable.
Fátima, desde que tiene luces, se ha sentido una persona indomable, más allá de estar inmersa en la secta Hippo. Debió haber sido parte de la secta Indomable –si existiese alguna con ese nombre-, pero su diseño inteligente autónomo vino maduro al mundo, directamente de la semilla del Gran Comunicador Intersectas, sin procreadores e intermediarios de ningún tipo, tal como reza en el génesis de su versátil especie. La secta Hippo, predica la unión cuántica como un medio simbólico para festejar la coyuntura de la primera pareja, del primer matrimonio Hippo, y además para celebrar el apareamiento biológico original de los mamíferos reinantes del Antropoceno, cual elemento aglutinador de la familia Hippo. El equilibrio de poder global reposa en los fundamentos del Gran Comunicador Intersectas, y el primero es: No abandonarás tu secta natal. Las consecuencias de la deserción son tan nefastas que equivalen a que nadie en sus cabales pida que lo entierren en funciones, pues, un desertor de su secta natal sería recluido sin contemplaciones en un casillero bajo tierra, y la anormalidad no es óbice para perdonar el castigo divino. “Ser desertor es desconectarse con la abundancia para conectarse con un infierno en la mente”, dice el Gran Comunicador Intersectas. En realidad no ha sabido de ninguna persona que haya sido condenada a semejante tormento, ni siquiera corren rumores sobre ello, lo que sugiere que prácticamente no puede dar razón de que exista tal castigo divino y, sin embargo, está latente en ella porque es la primera ley inmanente a las personas de cualesquier secta. El fundamentalismo libertario del Gran Comunicador Intersectas ha equilibrado y dado paz global a su especie desde su creación, sin que sufra la independencia de sectas. Ella no se inmiscuye en las creencias del prójimo ajeno a sus creencias, no hay contacto virtual alguno con gente que no sea de su secta original, y de ahí que la indiferencia hacia los individuos extraños a su devenir es intrínseca. Los otros, aunque prójimos en la palabra del Gran Comunicador Intersectas, sólo existen para tener la certeza de que vive en paz en medio de un maremágnum de sectas diferentes a la suya, y no siente el menor deseo de filosofar sobre ese principio esencial.                
Si en ese ridículo calentamiento molecular y verbal se quedara la acción del sátiro, su arribo al domo hogareño sería indiferente para la princesa. No lo sentiría a CorniSancho así se pare de cabeza o haga piruetas para hacerla reír, tal cual fue en el tiempo manso de matrimonio bien avenido, tan manso fue ese tiempo que es como si no hubiese pasado sobre ella, y no hace el menor esfuerzo para acordarse del lapso archivado en su memoria con una palabra: intrascendente. Aunque esa palabra ahora tiene gran significado, la aprecia mucho porque divide su existencia en dos eras, la era intrascendente y la era vividora que se desató con la lucha a muerte entre el sátiro y la princesa. “Ni bien hace su triunfal arribo  al hogar tras graciosa jornada de emprendimiento, en Superhelados Vitamina, yo lo invito a tomar rico cafecito”, les miente a Las culinchas. No tiene empacho en engañar a Las culinchas sobre su acontecer marital, goza machacando con eso de que está viviendo una tardía pero verdadera luna miel, que a partir de que CorniSancho mostró su real carácter de caballero brutal ella se mudó a un mundo principesco.  Les miente que apenas CorniSancho llega del exterior y se sirven de amplio menú de bocaditos psicodélicos siendo el postre los abrazos conyugales, suprimiendo con ello la prosaica comida familiar que los dejaba embotados, sin el menor deseo de acariciarse en la zona sociable del hogar, por fin iluminada por un amor tierno, primordial. Las culinchas, ávidas de aventuras fantásticas, dicen que la envidian.
A esta lucha llega con la serenidad y el orgullo que le ha dado el haber sobrevivido a cien batallas con un CorniSancho de continuo victorioso. Sí, no puede ser de otra manera para él si quiere seguir existiendo. Lo novedoso para ella es que siente que desde el encuentro noventa se están dando finales apretados, y si para el sátiro es imperceptible o fácilmente manejable esto, para la princesa es un fenómeno extraordinario, presiente que ya hubo el punto de inflexión en la constante victoria de CorniSancho. No es una percepción sino que ha palpado que su actuación es sustancialmente mejor a la del inmediato pasado, y un salto cuántico con respecto a la primera vez, no por azar sino porque su entrenamiento psicobiológico funcionó. La discreción fue y es un pilar en su lucha defensiva, jamás encara sus encuentros como perdedora y al mismo tiempo entiende que va a ser derrotada hasta que la postrera batalla defina quien gana la guerra. No sabe decir a ciencia cierta qué tanto el sátiro se habrá percatado del íntimo e integral desarrollo de la combatiente princesa, no está en discusión el progreso físico y mental que le ha traído estos choques sino cuánto es capaz de percibir el otro de su avance. A ella le conviene que él se mantenga en un nivel alto de seguridad y confianza en sí mismo, que siga suponiendo que hace lo suficiente para que no le quiten la máscara y la vida.
CorniSancho, se considera el primer beneficiado del endurecimiento de Fátima, con ello se ha venido alargando el placer en relación a los primeros encuentros. El rendimiento de la princesa ha ido en aumento y, a partir de la batalla noventa, se disparó el tiempo de satisfacción del ejército sensual del sátiro. Desde el principio ha tomado las precauciones mínimas, repitiendo tarde tras tarde la calistenia del calentamiento que le da resultado en el cuadrilátero; no obstante, prácticamente se estancó, deportivamente hablando, frente a la infatigable resistencia de la princesa. Se ha convencido que hace lo suficiente para que su naturaleza robusta y dura, hecha para doblegar espinas, le brinde plena satisfacción al macho superalfa, no necesita más para arribar ileso al fin de este ciclo feliz de consortes estrechando sus relaciones. “No soy de mantequilla ni un pan de azúcar, puedes golpearme hasta hartarte que yo te responderé con caricias y abrazos de oso ardiente”. No quita que sea precavido por instinto básico de permanencia de la máquina sensual que es, sabe que el ensayo y error de Fátima alargándose indefinidamente podría suscitar un jaque mate, pero hay límite de tiempo en la apuesta, que es el lapso impuesto por el máximo de 120 luchas. Resta por cumplir el último cuarto, las probabilidades de ser derrotado se han achicado aún más, son remotas así la princesa esté en el clímax de su rendimiento, lo que en sí suena peligroso para ella, “no te me vayas a desinflar antes del fin, te quiero dinamita hasta la última consecuencia, tu eterna esclavitud…”. A estas alturas del juego sensual tiene ganada la partida si no afloja en su íntimo goce, tendría que darse algo exógeno para que ella gane el único combate que necesita ganar, por ejemplo, que el Gran Comunicar Intersectas lo desintegre, y tal suposición es una ficción porque el Creador jamás se opondría al libre albedrio de sus criaturas adoradas. Fátima es persona de honor que aceptó el reto de que sean 120 encuentros y sólo puede sumar derrotas ya que no le es posible sumar victorias. En el contrato de lucha reza que si CorniSancho es el vencedor de 120 batallas, tendrá como esclava a Fátima -bajo las formas de esclavitud más benignas del Antropoceno-, durante el lapso temporal que a bien tenga. Por otro lado estipula que basta una victoria de Fátima para que concluya la existencia de CorniSancho, y se haga el fulminante e indoloro seppuku de su especie. Únicamente Fátima podrá retirarse por cualesquier motivo del ciclo de luchas pactado, y automáticamente pasará a sufrir la esclavitud que imponga el vencedor.
“Para CorniSancho no hay alternativa, vencer o desintegrarse. En caso de no ser así hubiese desistido de abrazarte, y abrasarme contigo princesa. Podría decir que tu destino de esclava está asentado en el Contrato de la Pelea; no es por desanimarte, por el contrario, sé que el proclamarme vencedor por adelantado te impulsa a resistir cual diosa guerrera del Olimpo Hippo, lo que no sé es qué bulle en tu mente, soy el extrovertido que habla alto por los dos, tu silencio es afrodisiaco en mí, callas pero no desmayas, no te afecta tu rol de eterna sufridora, deberías haberte derrumbado hace rato, entonces, quizás, la magia liberadora de estos choques hubiese sido paupérrima, estéril, y el premio de tenerte como esclava no sería tal, sería un tormento, te habría liberado para no regresarte a ver nunca más, y tu silencio ya no me encantaría, sólo me serviría para borrarte de mi existencia. ¿Será que tu fin ya no es neutralizarme y te mueve complacer al sátiro complaciéndote a ti misma en la refriega de nuestras máquinas animales? Si fuese así elimíname princesa, mereces quitarle la máscara al Demonio Tántrico. Esta resistencia no sería novedad si fueses una Lupercalia, diseñada para aguantar la brutalidad del macho rabioso. Una máquina Lupercalia simula fragilidad, pero rinde hasta el último, brinda placer así el usuario la haga pedazos. No fantástico sino fascinante es que tú seas la que acude a la jaula blanca. ¿Cómo podrías ser una Lupercalia hecha para recibir castigo inmisericorde? La Lupercalia no se sostiene y fortifica con la idea de una victoria fulminante que en la práctica aparece imposible, tú sí”.
Fátima, emerge en el cuadrilátero con una epidermis desechable tipo pantera que la cubre de pies a cabeza, la que el Demonio Tántrico hará flecos en el vórtice de la pelea. La pareja asumió cierta pose de lucha romana, se retaron brevemente clavándose los ojos de alfas dominantes, de ojos no va más de la secta Hippo. Ella entró en combate aplicándose con las técnicas defensivas que ha venido creando y perfeccionando conforme ganó experiencia en la jaula blanca. Se enseñó a torear al oso de los abrazos ardientes, aprendió a cansarlo lo justo para que su fuerza bruta mengue intempestivamente y, antes que se cumpla el plazo de las 120 batallas de su guerra, tumbarlo. “Que el epílogo sea el que yo quiero y busco, que el tercio de la estocada sea un pestañeo”, se arengó para su capote tras esquivar el candado inmovilizador del sátiro, no es que adivinó sino que su máquina animal ya tiene memoria de los movimientos del otro, la finta evasiva es automática, cosa que al principio de la serie de combates le estaba negado. En las primeras luchas ni bien saltaba al cuadrilátero era sometida a la voluntad ajena, se convertía en marioneta de las células sicalípticas del sátiro. Salió bien librada del frente peludo de CorniSancho, y logrando conectar golpes secos, certeros, que ella, conforme al “Contrato de la Pelea”, sí tiene autorización de hacerlo por su manifiesta inferioridad física, mientras que para su consorte está prohibido golpear apenas debe abrazar. El mismo CorniSancho se impuso la regla de no golpear aduciendo que su cometido jamás será herirla, “yo aspiro a rendirte con multitud de caricias”. La constante avidez del ejército sensual del sátiro por penetrar los poros placenteros de la princesa es en sí su único estilo de lucha.