1/1/18

El condumio del tiempo 4-5-6-7

-4-

Rugir de lobos en la arena de oro,
reflejos de tortugas marinas danzando,
surcos de arena gris dibujan el remanso.

-5-

Manchas de agua turquesa,
rocas porosas,
refulgir de algas oxidadas.

-6-

Lágrima de manantial es el cerro nublado,
gemido vaporoso de escalecias,
verde-amarillo perlado de bromelias.

-7-

Plataformas color  miel,
baldosas arrugadas de tiempo volcánico,
formas caprichosas del fuego de la creación.


28/12/17

El condumio del tiempo 2-3

-2-

Garza morena alerta,
atrapa una anguila en las rocas negras, 
arena blanca es lamida por la ola.

Forcejeo interespecies,
desaparece la anguila,
la garza planea.


-3-

Sendero ecológico,
adoquín que surca el bosque silbante,
opuntias gendarmes del amanecer.

Lejos de la avenida Antropoceno,
sin el ruido del paloselfie curioso,
se arriba a frágil sol naciente.



24/12/17

El condumio del tiempo

-1-


Mañana plomiza,
tibia garúa,
gardenias vestidas de rosa.

Camino de campo rojizo,
vegetación sudorosa,
pinzones en charcos de agua lluvia.

Tortugas gigantes en perspectiva,
reses pastando,
guayabas perfumando la tierra.

Mugir de machos alfa,
piar del sotobosque,
pared de invasiva zarzamora.




9/11/17

Árboles que se fueron

A la sombra del chereco
es otoño ecuatorial;
canta el duende,
drupas caen;
vegetal yerto,
la tierra come.

Sol de aguacero reverbera
en la lejanía del meridiano
gótico,
de trémulo sauce. 

Vientos embisten la selvita
de sábila y geranios; 
humedades nutren el campo
arrebujado, que guarda
restos lobunos renaciendo
en la piel rugosa de eucalipto decorativo.

Donde acaba uniforme verde
el veranillo se ha esfumado,
la hora se cubre de pardos;
bajo el ramaje de la copa,
haciendo esquina fulgente,
es la estación de las hojas
de árboles que se fueron.




9/10/17

Entropía máxima

Consumid, consumid, malditos. Esta sentencia nietzscheana que está llegando  a sus picos más altos del Antropoceno, cuando el hedonismo europeo y el sueño americano han hundido al Homo sapiens en su cometido final: acabar con el futuro de su propia especie. La realidad Disney, o mundo feliz XXI, se va convirtiendo en realidad lapidaria conforme palpamos la falsa austeridad que no es la Austeridad que vive el filósofo en sus banquetes de recogimiento, pues, hacer una existencia austera es vivir a tope con lo mínimo, ejemplo, La vida en los bosques, de Thoreau. La falsa austeridad es la degradación impuesta por el desquiciado 1% de la humanidad que se atraganta con el desarrollismo y el sistema monetario que lo sustenta, modelo criminal que ha convertido la espiritualidad de la Austeridad en sinónimo de decadencia del bienestar para el individuo de clase media y sinónimo de mendicidad para el  proletario.



4/9/17

Cinco escritores de "A Fondo"

Si hubiese tenido que conocer a genios de la ficción literaria como Onetti y Rulfo, motivado por una entrevista radial o televisiva, probablemente no habría entrado en sus obras. La gana de verlos actuar ante Joaquín Soler, me vino mucho después de haberlos leído a cabalidad en lo que me ha sido dado de ellos por los dioses de la creación, y cursando ya la segunda década de este siglo, aprovechando que dichas joyas históricas pueden ser visionadas en la pantalla de mi esclavo de silicio. El blanco y negro de A fondo, con esa inolvidable música instrumental de introducción, brinda un escenario idóneo por su higiénica austeridad, teniendo la impresión de que se ha suscitado una reunión de dos amigos para conversar y filosofar en la cabaña minimalista de Henry David Thoreau. La cálida sencillez de la instalación de A fondo concuerda con la personalidad de sus invitados, ahí hay dos sillas, una para el entrevistado y otra para Joaquín, una mesa lateral para contener la obra impresa del autor y copas con agua o whisky; paredes vacías e imaginaria ventana, de persianas cerradas, al bosque de Walden. Al otro lado estoy ocupando la tercera silla, la del espectador. Nada más, todo lo demás viene de esos raros y entrañables escritores que apenas se expresan de viva voz, acostumbrados a la riqueza de sus monólogos. Soler intuye cómo tratar con semejantes personajes ensimismados, no se entrega a la pantomima propia del periodista tipo impertinente, sino que su tino es fruto del seguimiento que hizo de la psicobiología de éstos a través de la lectura de sus obras. En todo caso, no hay entrevista que sea comparable a la creación del escritor, solo lo conoces a fondo zambulléndose en la verdad de sus mentiras; ahí reside la integridad de Rulfo y Onetti.

3/8/17

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es el título interrogativo de la novela de P. K. Dick que inspiró la película dirigida por R. Scott, Blade Runner (traduzcamos su significado como algo parecido a esto: matador de androides subversivos). Primero había visionado el rodaje que es un gigantesco engranaje de humanos y material fantástico, para conseguir una de las ralas producciones señeras del cine de ciencia ficción. Esto me motivó tiempo después a leer el libro que inspiró tan memorable película, y que tiene un título ajeno al rodaje puesto que si bien allí se visionan androides no aparece ninguna oveja eléctrica. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es obra de un solo creador (escritor), a diferencia del producto de un equipo bajo la batuta de un director que carga con la fama de haber realizado Blade Runner. No así, el libro de Dick, que está entre el montón de obras de ciencia ficción que dejó su alucinada prodigalidad, basta decir que en su diario inédito acumuló más de un millón de palabras. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en sí es una interrogación existencial, y que a la sazón carece de sintonía con el título de la cinta Blade Runner, y es debido a que la película toma un rumbo diferente del que tiene la obra psicodélica de Dick.
Blade Runner, en su ámbito celuloide, está en la cima de la pirámide; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es una novela que seduce leerla gracias a la película, y no es emblemática como lo es La naranja mecánica, de A. Burgess, libro que procreó a la película homónima. Burgess, catalogó a La naranja mecánica como su “media novela”, en comparación a las otras novelas de su autoría que consideraba de más condumio, pero ésta tuvo la suerte de que el irlandés Kubrick la escoja, y use su mismo título, para su laureado largometraje, que es paralela a la novela sacando un provecho extraordinario de ella aunque sin tomar en cuenta el capítulo final, de lo que Burguess se quejó amargamente puesto que allí los extremos de la ultraviolencia frente a la paz borreguil, se amalgaman para abrir un camino intermedio de armonía sin renunciar a las sinfonías de Beethoven. No se puede homologar una película con una novela así nomás, el cine imagina por uno dando su versión de las ficciones literarias con un máximo de cuadros y un mínimo de palabras.