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Asmodeo en brisa con sus novias FB (2)

Sobrevino el instante irrechazable de salir por la puerta grande del monstruo petrificante y ponzoñoso de la burocracia y, paradójicamente, con el auspicio de mis jefecitos depredadores. Por algún motivo que da lo mismo saber o no cuál es, me tendieron el trampolín no para tirarme de cabeza al vacío sino para impulsarme a lo desconocido repleto de aventuras. El mensaje de los jefecitos detonó fuerte dentro de mí, “ya pues, déjese de poses revolucionarias, no nos convence con su discurso anarquista-utopista si este minuto no es capaz de resolver su futuro lejos del amparo de nuestro limbo… ya pues, cometa la locura de sufrir la incertidumbre por nosotros los desahuciados para cualquier otro negocito que no sea ordeñar a la Bodeguita del Medio”. En todo caso vinieron con el atuendo de profetas cuando más los necesitaba, cumpliéndose lo que me dijeron cuando hicimos el trueque de paz de ellos para mí y silencio de mí para ellos, “ya verá que cualquier rato de estos le hacemos un gran ser…

Entre magia ancestral

Las ruinas de Galadriel

La soledad del murciélago

Homo aerius

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