Beltrán, abrió la puerta de un puntapié tras desactivar el dispositivo de seguridad que le permite entrar a paso de hombre-bestia a su hogar. Parado en el lujoso y amplio vestíbulo de la mansión ecológica, botando lejos el acolchado maletín ejecutivo fabricado para resistir maltrato inmisericorde, dio otra patada de espaldas para el portazo que inaugure el futuro que tiene frente a sí en la arena de Eros. “¡Doña Fátima, mi amorrr...!”, aulló arrojando saco y corbata por los aires. “¡Mi tumbadora, mi amorrr...!”, insistió arrastrando las eres del montañés con deleite, echando fuera de sí pantalón, zapatos e interiores, aireándose para las buenas tardes que prodiga a su mujer.
ODA A LOS ALTARES
Al abrigo de la venerable luz de los gigantes andinos,
me lancé a contemplar en el valle artesiforme de Collanes,
aleteé hasta dar con la caldera de la Montaña Sublime.
El circo abrupto de roca oscura venía bañado de neveros colgantes,
de nubes plomizas entre el celeste de una jornada bonancible,
rara por el inusual rapto primaveral que se dio en lo hosco,
inhospitalario con los oriundos de las planicies de la seducción fatua.
No voy a enumerar a las ferias a las que he asistido, en realidad son pocas, y se las puede contar fácil haciendo memoria. Uno se acuerda de tal o cual evento por la manía de comparar, o sea, tanto vendí en la una y tanto en la otra, allá me adoctriné más o menos que acá, así usted hace un balance de dónde pisó fuerte, y dónde resbaló. De repente hago un psicoanálisis, o una rendición de cuentas existencial, de mis presentaciones con el célebre Asmodeo... que me llevó a ser autosuficiente, y no se da en proporción al tamaño de las urbes ecuatoriales, no por ser pequeña la ciudad en la que exponía era menos interesante que hacerlo en la capital o en el puerto principal de la nación.
Agradecemos a los lectores que adquirieron uno o más libros de las cinco novelas, o el
Pentalibro entero, de Juan Arias Bermeo. En la tienda de Editorial Bípedos Depredadores, superamos la prueba difícil por antonomasia ante la aristocracia lectora de este pedacito de Gaia, la banda
Devoralibros y la banda
Posacadémicos se llevaron nuestra obra.
Invitamos a los lectores a que se acerquen al quiosco #25 de Editorial Bípedos Depredadores, en el Centro de Exposiciones Quito, Pabellón Simón Bolívar, donde estaremos exhibiendo nuestras obras desde el 25 de noviembre al 4 de diciembre. Presentaremos las novelas inéditas
La soledad del murciélago, y
De montañas, hombres y canes.
La ministra del bautizo literario de entonces pasó a ser ministra de otro portafolio más rentable, de esos que exacerban los anhelos progresistas de la patria. No obstante, no se alejó del hábitat de las ferias, quedó como embajadora de honor de nuestra cultura equinoccial, a la par fundó una empresa de servicios libreros que hacía legalmente jugosos negocios con el Estado, y de media poeta nacional se elevó a poetisa intercontinental.
LUPINUS MICROPHYLLUS
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Flor diminuta (1 a 2 cm.), en las rocas cimeras del Cotacachi, a 4700 msnm.
No quise saber de intermediarios para el reto que tenía que enfrentarlo al margen de ediciones decadentes; la época se presta para que usted sea además de creador, editor e impresor autosuficiente, dentro de casa. Puse bastante terreno de por medio con mi pasado, renací a cientos de kilómetros de la metrópoli donde crecí abrumado por la consigna de ser alguien en el escalafón de las termitas. Se presentó la oportunidad de alquilar de por vida el hogar rústico de mis sueños, una mansión de adobe. Adquirí una mañana perpetua en la cañada subtropical de San Epifanio del Monte, me alcé con el solar a la sombra de bosquecillo de especies arbóreas endémicas que llegan al río Cabra, aún primordial y sinfónico.
September 14, 2011 | Author:
Juan Arias B Leído 3398 veces |
Me organizaron sentida despedida los compañeros de la Asociación de almacenes del estado, en cuya directiva fui años suplente del vocal de Relaciones Públicas de turno. No sé porqué me escogían en la lista ganadora para reemplazar al titular que jamás me dio chanche de hacerlo, no escuché de uno de ellos decir: “Oiga, no sea cruel, acuda usted a tomarme la posta en la sesión de la junta directiva y de paso gánese unos verdes para el mote con chicharrón...”. Acepté ser sempiterno suplente sin chistar, así no hería susceptibilidades, además que era un nombramiento inocuo, ni quitaba ni ponía nada a mi ensimismamiento. Será que me tomaban en cuenta por lo que me dijo la simpática señora de la limpieza de los viernes, “es que usted tiene cara de filósofo en extinción... Mejor ríase, y de paso está en los créditos de la revista gremial”.
En Ecuador podemos jactarnos de tener a un genio de la literatura universal que, por añadidura, supo dejar asentando su vocación ambientalista en su novela póstuma, la que se pechea con las creaciones de los grandes del barroco del segundo siglo de oro español. Juan Montalvo, en el capítulo XVI -…de los que se le olvidaron a Cervantes-, pone a D. Quijote a defender pequeño bosque ante un ramplón de los de su tiempo, el criminal de turno de natura que a cuenta de ser propietario derriba árboles porque le son inútiles.
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