3/8/17

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es el título interrogativo de la novela de P. K. Dick que inspiró la película dirigida por R. Scott, Blade Runner (traduzcamos su significado como algo parecido a esto: matador de androides subversivos). Primero había visionado el rodaje que es un gigantesco engranaje de humanos y material fantástico, para conseguir una de las ralas producciones señeras del cine de ciencia ficción. Esto me motivó tiempo después a leer el libro que inspiró tan memorable película, y que tiene un título ajeno al rodaje puesto que si bien allí se visionan androides no aparece ninguna oveja eléctrica. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es obra de un solo creador (escritor), a diferencia del producto de un equipo bajo la batuta de un director que carga con la fama de haber realizado Blade Runner. No así, el libro de Dick, que está entre el montón de obras de ciencia ficción que dejó su alucinada prodigalidad, basta decir que en su diario inédito acumuló más de un millón de palabras. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en sí es una interrogación existencial, y que a la sazón carece de sintonía con el título de la cinta Blade Runner, y es debido a que la película toma un rumbo diferente del que tiene la obra psicodélica de Dick.
Blade Runner, en su ámbito celuloide, está en la cima de la pirámide; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es una novela que seduce leerla gracias a la película, y no es emblemática como lo es La naranja mecánica, de A. Burgess, libro que procreó a la película homónima. Burgess, catalogó a La naranja mecánica como su “media novela”, en comparación a las otras novelas de su autoría que consideraba de más condumio, pero ésta tuvo la suerte de que el irlandés Kubrick la escoja, y use su mismo título, para su laureado largometraje, que es paralela a la novela sacando un provecho extraordinario de ella aunque sin tomar en cuenta el capítulo final, de lo que Burguess se quejó amargamente puesto que allí los extremos de la ultraviolencia frente a la paz borreguil, se amalgaman para abrir un camino intermedio de armonía sin renunciar a las sinfonías de Beethoven. No se puede homologar una película con una novela así nomás, el cine imagina por uno dando su versión de las ficciones literarias con un máximo de cuadros y un mínimo de palabras.

7/7/17

Ecos de Berdog


Con Berdog, oriundo de las tierras altas de Escocia, bastó que me describiera los bosques de coníferas de su cuna y los verdes acantilados de su adolescencia, que me cuente de los lagos cobijando fábulas de fieras antediluvianas, para trabar amistad a muerte. No hubo alguien conocido por ambos que nos introdujera, fue en el cóctel de presentación de maquetas de viviendas fotovoltaicas, Residir en la Tierra.
“La casa de uno debe ser templo del ocio sustentado por la energía solar, donde hacerle el quite a la rutina desarrollista sea placentero, en el que el tiempo sirva para disfrutar del espacio minimalista de los dormitorios, salones… Señores, amplias zonas de circulación en vez del horror vacui que oprime. Ya libres del fragor de la bestia humana tirando para delante su podrido desarrollo, tengamos al menos cuatro árboles que den imaginación al descanso, que sean ramosos para ser dignos de llamarse palos de sombra. No exageramos en las maquetas poniendo allí cedros del Líbano, bellezas mediterráneas orientales que no son endémicas de nuestra parcela de planeta, sí hemos plantado la saponácea gallardía del chereco, pues, un bosque de coposos cherecos ocupaba este lar.”, decía en lo principal el tríptico del proyecto Residir en la Tierra.
—Mucho gusto, soy Anarquista Utopista y, por magia de esta exhibición, tengo un magíster en mercachiflería… ¿Usted es Ingeniero Ambientalista?
—Encantado, soy existente… profesión: Existente Vividor.
Berdog, rápido se hizo eco de mi burla hacia los individuos que no son capaces de quitarse del título de su profesión en la actuación de cada día, aquellos que se sienten desnudos si no oyen pregonar su bendito grado en el termitero. A la industria de la nada le encantan los títulos doctor, ingeniero, economista, etcétera, están de moda de la mañana a la noche, aunque la especialidad que enriquece hasta desquiciar al bípedo depredador de la ingeniería fiduciaria sea robar a trochemoche a cuenta del progreso. Para ser un capo rentista, un gran ladrón de hojas tristes, solo hace falta la voluntad y oportunidad de serlo. Un gran ladrón requiere de convicciones inquebrantables, ama a su oficio, es un profesional a conciencia mientras que la abrumadora mayoría de profesionales no aman a su oficio, no son profesionales sino peseteros, cualesquiera fuere el título que les han endilgado por los años de encierro en las jaulas de los Centros de Alienación Superior.
Pronto lo conocí a Berdog en esa yarda íntima que tenemos rentada en la Tierra, donde viene imposible ocultarse de sí mismo, llamada hogar. Casa adentro se cae el disfraz del ejecutivo buscando ansioso la máquina de hacer plata, no puede sustraerse más de los acreedores del ser olvidado, esos monstruos y ángeles que luchan por la supremacía en la materia que da forma al Homo sapiens. Cuando mi envoltura de carbono sufra la última corrupción y se esfume de la faz de la Tierra, permaneceré en la Mente del Universo Conocido, así denomino al más allá del estado corpóreo como creyente que soy en que la mente no prescribe ante el tiempo. A cambio, Berdog, especulaba con lo denso inmensurable en el firmamento contrastando con su minimalismo terrenal: “Mi paraíso es convertirme en el núcleo de un Hoyo Negro Masivo, capaz de contener millones de soles. Reventar en un bebé Universo, el que nacería a su aventura macrocósmica con el tamaño de una pelota de béisbol… Sí, mi amigo, soy ambicioso, retornaré cual flamante Universo en el Multiverso”.

1/6/17

Entre magia ancestral

Café Vía Tarot


—El maestro no hablaba de su familia… “Todos me dieron puerta, 9-11”, me comentó lapidariamente alguna vez viniendo a ser la única referencia que tengo de sus parientes. Nos hicimos panas del alma desde que me cupo la suerte de auxiliarlo con la ambulancia Pegaso, como llamo a mi instrumento de trabajo del 9-11. El hombre, tras una marcha alcohólica que lo puso a bailar con la parca, terminó en los lomos de Pegaso y por las atenciones oportunas del paramédico volvió al mundo de los vivísimos… por eso incluso en la dedicatoria de un par de cuadros me llama así, 9-11. A la verdad, las anécdotas que tengo del maestro son divertidas y algunas alucinantes como esa que ya le conté del secuestro que fue objeto por parte de un incógnito padrino colombiano para que le pinte en exclusividad cuadros taurinos en una mansión ultra lujosa refundida en paradisíaca cala privada del Caribe. “No vea los servicios por lo alto que me brindaron, puedo afirmar que fueron las mejores vacaciones cinco estrellas pagadas de mi vida. Hazme el favor, 9-11, con un encierro de ese calibre no se necesita para nada del Síndrome de Estocolmo”, resumió el maestro de los seis meses que duró el secuestro. ¿Qué no le pasaba al maestro en su agitado devenir de artista? Me consta que era un epulón, o como él mismo decía presintiendo que el corazón no aguantaría mucho su trajín, “me trato a cuerpo de rey gotoso, hasta el infarto masivo”. No le faltaban clientes de Mercedes-Benz, y con el billete que recibía se daba al banquete de los filósofos, en esas instancias tenía raptos de generosidad con ciertos amiguetes que lo frecuentaban para aprovecharse de su arte, conseguir una minucia gratis de él era relativamente fácil, y los giles que salieron con sus pinturas apenas falleció las pusieron en venta, son gente despreciable que tienen cerradas las puertas de la percepción, penetrar en el otro lado les está negado. En todo caso, merced a los dioses anarquistas de la creación -palabras suyas-, la gran obra de Niaupari está en manos de la secta de los contempladores. Tuve la fortuna de que el maestro conectó con mi sueño de montar Café Vía Tarot, le participé de mi intención de crear un lugar para activar los ojos atléticos de la poesía de Hölderlin y fascinó con la idea… —Decía Xavier con cierta nostalgia que cedió a la risa, no había espacio para la tristeza frente al cuadro de Los danzantes, de Pedro Niaupari, que fue develado sin aspavientos, pero sí con la alegría que trajo inesperado giro meteorológico, creando un ambiente despejado y calentito. Se agradece providencial primavera vespertina después de una mañana cerrada, otoñal.
“¡Ya es hora… ya es hora, zoquete!”, chilló potente y nítido la lorita pirata del patio de los naranjos en flor, parecía que de alguna manera las dos personas ahí reunidas aguardaban esa señal para arrancar la tarde con oficio. Xavier dio un bufido de satisfacción y corrió al pequeño “bar del peluquero” hecho del cedro colorado que refulgía alegre junto con las dos sillas de peluquería que le dan el nombre. El perentorio aviso de Chachi disparó un resorte en su cuerpo. Al cabo estuvo de nuevo en la mesa rustica de ciprés, ubicada en un claro de baldosas color ladrillo en mitad del patio. Nuestro mostrador de observación era angosto y con forma de medialuna. Se acomodó relajado en el extremo opuesto al mío dejando amplio espacio para la botella de whisky y las rebanadas de pan de orégano y patacones para picar.

13/5/17

Las ruinas de Galadriel

Ente Racional

Así lo viene denominando porque fue como se presentó desde el primer contacto, “soy un ente racional sin nombres ni apellidos cristianos, puedes llamarme como te venga en gana, mas una vez que lo hagas sólo lo harás así…”. Y no se le ocurrió mejor cosa que nombrarlo de esa manera para no confundirlo con un ciudadano cualesquiera que se llame Alberto, Pedro o José. No sabe nada de sus señas particulares desde que entraron en un intercambio cognoscitivo anormal, extraordinario, y por su modo de hablar desenfadado, caribeño, no puede adivinar su fisonomía, o no hace ningún esfuerzo por saber qué tipo de forma Homo sapiens le corresponde (si es que le corresponde), así que le sienta estupendo su nombre abstracto, como para no perder el tiempo imaginándolo en sus tareas cotidianas con la biociencia. Ente Racional exigió exclusividad en la aventura que promociona íntegramente en Kantoborgy, proporcionándole una pensión monetaria regular, liberándolo de toda preocupación en lo concerniente a realizar trabajos insulsos en este mundo. Merced al Ente Racional es un becado de la aventura, eximiéndose de exhibirse con ningún tipo de bandera y/o logotipo de casas comerciales, nada de chompas forradas de letreros para la risa fotogénica de cocodrilo en escenarios montados para la ilusión óptica, pues en realidad son instalaciones espantosas hechas para el lucimiento de la decadencia perioverborrea. Este compromiso que tiene con lo extraño hizo que no piense en comerciar los relatos de sus viajes en pos de lo inútil, olvidándose de las pantallas y los micrófonos de los muertos de hambre de curiosidades, remitiéndoles a los imagólogos que buscan su “opinión” a que sintonicen radio-libre Marañón, que no es un medio de comunicación sino un destino de la comunicación.
En apariencia, Ente Racional, lo único que pide al gótico es que utilice prolijamente los productos de la biociencia que le viene proveyendo para su cometido anormal. Nada de lo que remite Ente Racional se encuentra en el mercado común de múltiples productos para sufrir el montañismo extremo. “Tranquilízate, no te hagas nudos sobre su constitución y alcance, usa el equipo que te mando a reventar y bríndale tu esfuerzo a lo que podrías llamar milagros de la biociencia…”, le había dicho su patrocinador en tono jocoso.
Ya dejó de ser un presentimiento, puede sentir que esos prototipos de la biociencia lo están induciendo a un salto biológico irreversible, es decir a una mutación kantoborgyana sin parangón entre los góticos. Así lo ha venido palpando desde que somete esos inventos a la prueba de rigor en vivo, aprovechándolos sobre la marcha de sus afanes escaladores y, regresando de su fatiga, ha reportado verbalmente al Ente Racional la ventaja que les sacó, jamás ni una palabra ha quedado asentada en la modalidad escrita porque está proscrita entre ellos dos. Obviamente, esa suerte de resumen verbal que hace de sus exploraciones, viene a ser una parodia fugaz de su experiencia sensorial en situ. No obstante, sus apreciaciones surrealistas de lo inexplicable, le han bastado a su proveedor de material para sus aventuras, y éste continua avante subvencionándole aunque no haya intención alguna de plasmar una teoría científica al respecto de su evolución psicobiológica.

5/5/17

La soledad del murciélago

(Fragmento)

“Ayer, en el palacio de Guápulo, a hora incierta del posmeridiano y con premeditado hermetismo, se hizo efectivo el fin de Salvador Pineda Pinzano, marqués de Olivares y Yaguarzongo. Sus restos mortales fueron reducidos a cenizas y echados al viento crepuscular bajo el riguroso secreto exequial que imprimió Pastor Camacho”, no le hubiese disgustado esta inédita variante de nota luctuosa para que se  exhiba en los medios.  No obstante había que ser práctico y mediante conversación telefónica, él mismo, a través de la voz de ultratumba que le dio al Licenciado en Letras, Pastor Camacho, participó el particular al solo hombre digno de recibir esta novedad. Quedó al buen criterio de Olegario Castro la forma de hacer público el deceso del marqués, a través de las ondas largas de radio-libre Marañón.    
Frisando la cincuentena falleció el marqués. Estuvo a punto de arribar al día que había dicho quería festejar con multitudes volcadas al festín dentro de las murallas del palacio de Guápulo. Más allá de la costumbre de pasar desapercibido en su cumpleaños, había amenazado que iba a celebrar el quincuagésimo onomástico del filántropo con fasto y derroche, incluyendo una representación del aclamado teatro musical de La vaca loca, y teniendo como invitado de honor del banquete al barrio entero de Guápulo. Así lo asentó en los cuartos del domo del Panecillo: “Si llego a la cincuentena, amigo Olegario Castro, la edad que tú enalteces llamándola la flor del conquistador de lo inútil, ahí sí voy a botar el palacio de Olivares por la ventana del pueblo soberano...”. En todo caso, la desaparición de Salvador Pineda Pinzano, no debe truncar la idea de homenajear a la edad de la flor del conquistador de lo inútil. Olegario Castro, siendo perspicaz como es, sabrá hacer realidad el deseo del difunto de festejar por lo alto su cincuentena, recursos para ello no le faltarán siendo el heredero de su fortuna material.  
El filántropo aun ayer por la mañana sumaba a su imagen pública, se exhibió rebosante de salud en el evento donde se materializó una más de las donaciones que hacía a instituciones que velan por los desamparados sociales de La Medusa Multicolor, ciudad insaciable. Cuando se veía ante el espejo del noble contribuyente, y detrás de él asomó la faz del murciélago haciéndole una mueca de se te acabó la cuerda callejera, el filántropo muy campante soltó su estribillo cotidiano mientras el mayordomo Eliseo le calaba por última vez la chaqueta deportiva: “Hay que dar al prójimo en vida del marqués, hermano murciélago, en vida del marqués…”.

24/4/17

Homo aerius

Avanzas a un ritmo uniforme de quelonio por la Calzada del Inca, y no obstante es como si estuvieses marchando desbocado, si comparas la moción lenta que te poseyó en la travesía del Túnel Brujo, donde tu pensamiento galopaba desenfrenado. Apuesto que ya superaste largo la distancia que cubriste para ser ampliamente recompensado en la mesa de Frutería Porfirio, este sendero azulado viene libre de hojarasca y por ello luce amplio y empuja hacia delante con la luminosidad que permite las erectas coníferas apostadas en los flancos cual gigantescos guardianes luciendo sus vestidos de gala plomizos, de una lisura que solo se rompe, a unos treinta metros arriba de tu cabeza, con el ramaje de la copa que hace dibujos al carbón en la calzada. Sí, esto se parece más a la primera vez, ¿te acuerdas?, todo este incesante asenderear empezó cuando abriste los ojos a un esplendoroso amanecer en Valle del Silencio, incorporándote sobre tus extremidades inferiores te echaste a andar como si nada en tu piso de torre Cachalote, cual si fuese un acto reflejo, común, automático. No dudaste cuando posaste los pies sobre la carpeta en que llanamente debías caminar como si fuera una calistenia cotidiana a la que acudes ni bien te despiertas, aunque estabas consciente de que eran tus primeros pasos en firme, como la unidad fractal Palamedes, tras reventar de la bolsa de aguas de la Nodriza. La máquina animal había superado en un santiamén los dos lustros de la “niñez acuática”, donde tu embrión pasó al estado fetal, y luego surgió el neonato que se desarrolló integralmente hasta tomar la forma reciclable del urbanícola eclosionado. Hypatia, a partir de que abandonaste Plaza Victoria, se hizo prácticamente imperceptible, fue una manera distinta de distancia la del Túnel Brujo, ahí ella cuidaba de tus pasos, su presencia fue un apoyo a la perplejidad que nos envolvía. Nomás agarraste la Calzada del Inca y su influencia magnética ha cedido, es como si hubieses tomado una órbita que te aleja de su poderosa atracción, aunque no dejes de rumiar el encuentro extraordinario que nunca antes has tenido con el prójimo. Brotaste una década más tarde que el resto de personas de nuestra generación, y por eso aterrizaste una década después que el pionero Pascal, pero te adelantaste en cuanto entraste en la pubertad, para el séptimo u octavo lustro de tu existencia habías recopilado la información que más tarde reventó en la Teoría del Gen del Explorador Salvaje. Los dieciocho lustros que en total  enmarcaron tu adolescencia, fue un tiempo para que aprehendas por ti mismo de lo asombroso y admirable que brinda la civilización aérea, sustentándote en la base general de conocimiento que te inyectó Mente VS

17/4/17

Remoto

Amanece en Pelancocha. La diminuta aldea se despereza recostada sobre el claro de selva, desatendiéndose de la mortal batalla que los habitantes nocturnos dieron por finalizada entrando la puntual luz ecuatorial. El conjunto de bohíos va tomando los colores que encienden la paja gris de sus techos, viniendo austero a la luz lacustre, acomodándose en el armónico caos que lo circunda dentro del extenso paraguas vegetal que es la amazonía.

Silverio Coquinche habrá amanecido ambulando por los senderos del territorio de  la comunidad Puca, remarcando los límites de su influencia espiritual, y así cumplir con el rito que le exige su rango mítico: luchar la vida entera con los demonios que cíclicamente atacan a los de su estirpe, pues, aquellos vienen a ser en la leyenda (aunque con los matices que él les da con la proyección de su personalidad), los mismos entes malignos que enfrentaron sus antecesores derrotándoles pero sin vencerlos a perpetuidad, siendo que mientras respire un chamán deben pulular los diablos que le disputen su égida sobre la selva virgen, si no de dónde se alimenta su gloria y poder. Desde que obtuvo la ancestral sabiduría que lo llevó a ocupar el banco de jefe espiritual, es el hombre más influyente de la comuna Puca; y no va a delegar su poder mientras no llegue un aspirante a chamán a su altura que lo demande, alguien tan arrojado como lo fue él para ser el sucesor del finado Pacha, su abuelo, el que le inculcó el arte de su casta pasando por encima de su padre que vino impotente para ser uno de ellos, apartándose éste del sacrificio que implica el duro oficio de fabricar magia y mito. No es cosa de simple voluntad, se debe nacer con los genes de un chamán y luego investirse de tal desarrollando un cuerpo fuerte y una conciencia poderosa.

Clareando, el combate de los animales noctámbulos, cesa. Los guerreros sublunares se vuelven a sus madrigueras a reposar la noche de cuchillos blancos, el orden diurno entrega la posta de la vida bullente a los mensajeros solares que entran en volandas, sonoros, a los oídos de los residentes de Remoto. La selva entera emite un graznido anunciando la batalla del mundo vegetal por ascender a la luz. El bosque mira esperanzado hacía arriba, billones de bocas vegetales se estiran clamando su ración vitamínica, su rayo de sol, esa dosis energética que les debe la creación. Bajo el manto arbóreo, a la sombra de los gigantes apuntando al sol, no quedan vestigios del terror de la cacería nocturna de los carniceros. La selva amanece deshabitada sobre su piso claroscuro, donde yace la hojarasca en constante putrefacción, siendo el usual menú de la frágil tierra arcillosa que sirve para entrelazar, a flor de suelo, las precarias raíces del bosque tropical más extenso del orbe.

6/4/17

Prólogo


Juan Fernando Arias Bermeo. Loja, Ecuador, 15-11-59. Me gradué de bachiller en la aldea de Marysville, Ohio-USA, mediante un programa de intercambio estudiantil. Egresando de mis estudios universitarios en ciudad de Quito, inicié el periplo viajero que me llevó nuevamente a los Estados Unidos y de ahí me adentré en ese sueño juvenil de hacer Europa, donde el pretexto de obtener diplomas de postgraduado me entretuvo principalmente en Madrid, Londres, Kibutz Gazit (Baja Galilea), Roma, Marbella, Estocolmo. De regreso en Ecuador di empiezo al definitivo viaje tras los valores de la naturaleza salvaje y divina que conforma la integral de un hombre, ese andar y ver que me tiene indagando en los últimos rincones de la conciencia.

Soy autor-editor de cinco novelas impresas publicadas entre 2009 y 2013. Mis ficciones se inspiran en los jardines de la Pachamama, Gaia o Madre Tierra, y han sido exhibidas, bajo el sello de Editorial Bípedos Depredadores, por las principales ferias internacionales del libro de América Latina (Guadalajara, Buenos Aires, La Habana, Bogotá), a través del Ministerio de Cultura de Ecuador y la Cámara Ecuatoriana del Libro. Estos libros fueron adquiridos por bibliotecas de prestigiosas universidades, así se hallan en Stanford University Libraries (USA), y son parte de la red de bibliotecas de Ecuador y están en bibliotecas nacionales de distintos países, como en la Biblioteca Nacional José Martí (Cuba). Con la tienda propia de Editorial Bípedos Depredadores, he participado activamente en la FIL Guayaquil 2012; y, del 2009 al 2013, en la FIL Quito. “Remoto”; “Virus del sentimentalismo”; “Las ruinas de Galadriel”; “De montañas, hombres y canes”; “La soledad del murciélago”, son novelas que forman una suerte de pentalibro, pues, dentro de su variedad e independencia -pasando por historias alternativas de un corte existencialista, por el suspenso y la fantasía, por la ciencia ficción, por la utopía y distopía-, tienden hilos que entrelazan a sus personajes, hay un poder que los une: inventar el mundo que quieren.

En 2014 publiqué el pentalibro, en KDP, bajo la modalidad digital. La novela Homo aerius, que inicia el ciclo de Ciencia Ficción Filosófica, fue lanzada en formato electrónico en 2014, su versión impresa salió en 2015 con CreateSpace. En 2016 publiqué Fragmentos de un Anarquista, al mismo tiempo con KDP y CreateSpace. Con esto todos mis títulos están disponibles tanto en libro digital como en libro impreso.

Nadie puede ser más exigente con su tarea que el escritor mismo. Escribir, es crear un planeta propio, original, como lo fuera una Tierra deshabitada e inhóspita que de repente entra en un gran florecimiento. Las portadas de Fragmentos de un AnarquistaHomo aeriusVirus del sentimentalismoRemoto y La soledad del murciélago, las monté con imágenes de cuadros de regios pintores que tengo la suerte de poder observarlos en mi cotidianidad, son pinturas emisoras de alegría por su profundidad estética y fuerza creativa. “De montañas, hombres y canes” y “Las ruinas de Galadriel”, tienen cubiertas sacadas de la fotografía del tiempo de páramo y montaña. 

Lovochancho, nació en marzo del 2009 y, hasta febrero del 2016, fue huésped de Nucleus CMS, usando la plantilla Mountainland. Con nostalgia de por medio se mandó a mudar a Wordpress  con  la plantilla The Bootstrap, permaneciendo allí de marzo a diciembre del 2016. A la fecha, el segundo renacimiento de Lovochancho, se viene dando en Blogger. Aprovechamos la muda para depurar artículos pasados y desarrollar otras ficciones futuras, livianos de equipaje ocupamos la nueva casa de las letras. Lo esencial del blog Lovochancho se mantiene intacto: trascender con la ficción filosófica y la poesía visual que lo nutre.

27/3/17

La montaña del destino de Reinhold Messner

Nanga Parbat, Montaña desnuda, llamada también Diamir, Rey de las montañas, fue de hecho la cumbre del destino de Reinhold Messner antes que la Montaña del Destino Alemán, como al expedicionario Karl Maria Herrligkoffer le gustaba denominarla para ensalzar el deber que él tenía de hollar su ápice por la ruta más difícil, aunque sea de manera subliminal, a través del trabajo de escaladores con convicciones nacionales y fe en las cuerdas fijas que aseguran kilómetros de un desnivel de vértigo.

Karl Maria invitó a los hermanos Reinhold y Gunther Messner a unirse al ideal de vencer a la tenebrosa vertiente Rupal, superando los más de cuatro mil metros de pared vertical que separaba el vacio de la vulgaridad terrena con la inconmensurable altitud alumbrada por Odín. Tener una imagen del tamaño monstruoso de la vía por la vertiente Rupal, que en su mayor parte la abrieron los hermanos Messner camino a la cima del Nanga, sería como colocar cuatro veces, una sobre otra, la cara norte del Obispo ecuatoriano (la cima más expuesta y exigente de los picos que conforman el circo volcánico del Altar o Montaña sublime) que tiene alrededor de mil metros de caída perpendicular.

Los jóvenes Reinhold y Gunther – de 25 y 23 años, respectivamente-, en el verano de 1970, arribaron del Tirol del Sur para incorporarse a la expedición de Herrligkoffer, venían con la etiqueta de superdotados para la escalada libre. Ellos encarnaban el símbolo de la autosuficiencia de “la bestia rubia” en los Alpes, aún no se habían contaminado con las ascensiones piramidales clásicas, las que proponían el ritual de plantar la bandera patria en la cima como máximo objetivo, donde no contaba el liderazgo individual sino únicamente los logros del conjunto, siendo la base del éxito de estas empresas monumentales la tracción animal de porteadores que trepan el circo humano a la altitud.

16/2/17

Asmodeo en brisa con sus novias FB (3)

La ministra de Cultura del bautizo literario de entonces pasó a ser ministra de otro portafolio más rentable, de esos que exacerban los anhelos progresistas de patriotas de bolsillos insaciables. No obstante, no se alejó del hábitat de las FIL, bien señaló a medios perioverborreos que desde donde esté fungirá de embajadora de honor de nuestra bullente cultura, a la par que fundó la empresa de servicios libreros que hace legalmente jugosos negocios con el Estado, y de media poeta nacional se elevó por intermedio de la meritocracia a poetisa intercontinental. Mas, lástima, de sopetón, la Colorada, había dejado de ser encantadora, eso me participó apenado el cristiano librero, que no la veré más en su apogeo de matrona romana diciendo “vaya, vaya, conque tenemos a Asmodeo en brisa con sus novias FB”, y envolviéndome en hálito de aromas de dátiles de la media luna. “¡Y a mí qué me importa!”, aullé un rato de esos  provocando la carcajada del buen cristiano librero. No le conté, para no perturbarlo, que la imagen que quedó indeleble de la Colorada fue la que inventé para que se incorpore a las novias FB de Asmodeo, ahí es inmarcesible como la Mágica que me abandonó, ahí no prescribe su figura de breva a punto de caer carnosa y madura en sus brazos. La historia de la ministra versátil del mundillo politiquero ecuatoriano es inapetente, hasta dejaron de apodarla la Colorada porque se le perdieron, ¡tan pronto!, los rubores que presentó en la FIL de Itchimbía. La robusta ex colorada se volvió  cianótica y más que escuálida fofa, pero continúa fiel al arte por el arte, y sobre todo al arte por encargo. “La Colorada ya no existe, ahora los de la oposición la motejaron de ministra-librito, y por aquí también. ¡Qué pena! ¿Sabe porqué degeneró esa gracia que tenía su cuerpo? ¿Se acuerda cuando le obsequió la primera copia de Asmodeo...?”.

La ministra-librito había sido tocada por el mal que entre nosotros, los expositores, denominamos Síndrome del Animal de Feria de Libros. Apenas presté atención en los colegas a mano hallé que algo raro les sucedía, colegí que estaban con los síntomas del SAF y que si no ponía rumbo a San Epifanio del Monte iba a correr con la misma suerte. No me afectaron las imágenes que vi de la ministra-librito. Esa desconocida, ¿quién demonios será?

8/2/17

Asmodeo en brisa con sus novias FB (2)

Sobrevino el instante irrechazable de salir por la puerta grande del monstruo petrificante y ponzoñoso de la burocracia y, paradójicamente, con el auspicio de mis jefecitos depredadores. Por algún motivo que da lo mismo saber o no cuál es, me tendieron el trampolín no para tirarme de cabeza al vacío sino para impulsarme a lo desconocido repleto de aventuras. El mensaje de los jefecitos detonó fuerte dentro de mí, “ya pues, déjese de poses revolucionarias, no nos convence con su discurso anarquista-utopista si este minuto no es capaz de resolver su futuro lejos del amparo de nuestro limbo… ya pues, cometa la locura de sufrir la incertidumbre por nosotros los desahuciados para cualquier otro negocito que no sea ordeñar a la Bodeguita del Medio”. En todo caso vinieron con el atuendo de profetas cuando más los necesitaba, cumpliéndose lo que me dijeron cuando hicimos el trueque de paz de ellos para mí y silencio de mí para ellos, “ya verá que cualquier rato de estos le hacemos un gran servicio”. Llegaron ajenos a la novedad de que había sido despedido gloriosamente (jamás me oiré decir lo contrario) del edén de Afrodita, yo estaba con mi velero sin amarras flotando en la bahía de la fortuna, presto a que el viento de pasado mañana de empiezo a mi  odisea librera. Fui corriendo a que me despachen con la liquidación que se me antojó jugosa tratándose de una renuncia voluntaria.

Ágil es el futuro cuando coadyuvan los disparadores del cambio de tercio. Doce años, desde que cumplí la mayoría de edad, que he pasado en el almacén y sus avatares callados entre muros, que he comido de su constante modernización al punto que con los avances de la informática se convirtió en juego sencillo lo de administrar derivados de petróleo, hecho que sumado a la patada escaleras arriba que me proporcionó la Mágica y al libre albedrio para hacer mis cosas del alma que me otorgaron los jefecitos, facilitó que cierre la novela que venía esbozando una década. Estaba seguro que mi primer libro no me daría de comer a lo gamonal pero sería la coartada para ser el loco divino que por fin salga a la luz impulsado por su energía oscura. Y esto sucede cuando el autor puede vanagloriarse de la leyenda que cuelga en su quiosco de feria internacional de libros: Escribo para vivir.

2/2/17

Asmodeo en brisa con sus novias FB (1)

Todo es alquilado en esta vida. Me pagaban lo justo por ocupar casillero  burocrático de almacén iluminado, aireado, enorme cual hangar pero ratonil, correspondiendo a lo oficinesco así venga con decoración psicodélica. Sin embargo, era mi dulce agujero de papeles, borradores, esferográficos, minas y múltiples derivados de petróleo porque me sobraba tiempo para contemplar, leer y escribir, alucinaba con ser escritor al margen de los círculos literarios. Sí, alguien que de entrada camine por el otro lado de los hombres de letras dependientes de las migajas que reciben de las ponzoñas culturales, o la plaga de gestores de cultura pública y privada. Soñaba con ser animal solitario de feria internacional de libros, francotirador irreverente, autor utopista anarquista. Quería disparar ficciones filosóficas al rostro del paseante curioso que se vaya apareciendo por la tienda errante del creador-editor. 

Frisando la treintena era el funcionario de medio pelo que se negó a participar de las bonificaciones extras por el porcentaje normal que se descuenta a los proveedores para costear los gastos de movilización de los jefecitos arribistas. Los jefecitos muertos de hambre negociaban las adquisiciones que entraban a la Bodeguita del Medio, como la llamaban -muy graciosos, estos menudos parásitos hechos a imagen de los grandes parásitos que los mueven a parasitar- en alusión subliminal de que gracias a su existencia se redondeaban el sueldo para comprar más y mejor en los templos del consumismo. Qué asquerosa era la mueca que me hacían, cómo se llevaban las manitas a la boca para indicar -¡los pobrecillos!- que pasaban necesidades, y que con el sueldo de miseria apenas les daba para la menestra con limón. Daban asco y usted telepáticamente transmite esa aversión a los raterillos de saco y corbata, producen náusea así tenga para ellos la dentadura hierática de Diógenes por delante. No obstante, a los que pasamos por filósofos nos perdonan la impavidez, nos tienen por marmotas incurables, no servimos para hacer plata ni así nos soben con los billetes que sirven para montar un hogar cuatro estrellas en el Jardín de las Delicias, estatus medio alto incluido. Y ellos no insistieron después del único intento para que me haga a sus negocios -negocitos, les llaman frotándose las manos-, al cabo no lo hacían por el afán de compartir sus ganancias sino por la urgencia de hacerme cómplice y encubridor. No me importunaron más, fue como hacer tácito pacto de tranquilidad para este servidor mientras guarde el debido silencio. Los jefecitos, con el verbo de los nacidos para durar en el limbo tecnocrático, me ganaron con este mensaje conciliador: “Sepa, joven, que confiamos en usted porque entiende que hay que dejarles algo a los hijos. Hágase cuenta que va a estar en paz y muy a gusto en su trinchera del saber, leyendo y escribiendo lo que le plazca, tiempo y paz para hacerlo no le faltará. Eso sí cualquier momento requerirá de nuestros buenos oficios… ya lo verá, ya lo verá”.